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El socialismo andaluz, más dividido y presionado que nunca

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Delegados que trabajan en diputaciones, amenazados con perder el empleo

Día 04/02/2012

Presiones, presiones, presiones. La palabra era una de las más pronunciadas entre las filas de la delegación socialista andaluza en el congreso federal del PSOE: unos, los alineados con el secretario general andaluz, José Antonio Griñán, y Carme Chacón para negarlas y otros, los sectores críticos y alineados con Alfredo Pérez Rubalcaba, para denunciarlas. Algunas de ellas superarían lo legalmente permitido, ya que hay denuncias de amenazas con los puestos de trabajo.

Esta pugna denota que el PSOE se encuentra en estos momentos fracturado en Andalucía, donde el pulso en favor de un candidato u otro lo trasciende una guerra abierta por el poder cada día menos disimulada entre la dirección regional y los sectores críticos de cada provincia. La división era evidente ayer en el congreso federal y se produce a menos de dos meses de las elecciones autonómicas, lo que evita, por ahora, que la guerra sea abierta. Pero lo cierto es que presiones las ha habido durante todo el proceso congresual.

Algunas son legítimas y continuaron ayer durante toda la tarde con, por ejemplo, reuniones de los candidatos con los delegados indecisos tratando de arañar votos en un resultado que será muy reñido.

Sin embargo, otras son más cuestionables. Porque, según denunciaron ayer algunas fuentes, esas presiones, mantienen, de la Ejecutiva regional han llegado, incluso, a amenazas a algunos delegados de estar jugándose el puesto de trabajo. En concreto, esas presiones con el empleo se han producido en las diputaciones andaluzas, según denunciaron ayer a ABC fuentes que no quieren dar su nombre por miedo a represalias.

Esas actitudes encajarían dentro de lo que el secretario general del PSOE de Sevilla, José Antonio Viera, denominó «presiones ilegales, inmorales e ilícitas», aunque preguntado directamente sobre la cuestión el dirigente socialista evitó ir más allá. «Yo me mantengo íntegramente y literalmente en todo lo que dije ayer —por el viernes— y no le quito ni le pongo una coma», aseguró Viera también en referencia a que el presidente andaluz hubiera negado esas presiones.Otro destacado apoyo de Rubalcaba en Sevilla, el alcalde de Dos Hermanas, Francisco Toscano, se sumó a las denuncias. «Comparto las declaraciones de Viera y las siento porque no nos hace ningún bien presionar a delegados en los días previos para una determinada línea». El alcalde no fue más allá por «no hacer daño» al PSOE, aunque acusó a Griñán de «engañar» a los delegados con la neutralidad y de «permitir presiones» en favor de la candidata catalana.

El presidente se la juega

Para las presiones ejercidas desde el regional, que muchos partidarios de Rubalcaba, sitúan en el entorno de la secretaria de Organización, Susana Díaz, se han utilizado todo tipo disuasiones, en una graduación que iría desde la recomendación hasta las mencionadas amenazas, pasando por la futura confección de las listas a las elecciones andaluzas. Griñán se la juega en este congreso y la posibilidad de que finalmente Rubalcaba sea secretario general significaría una derrota para él, por las presiones ejercidas en favor de su contrincante. El malestar es tal que se intentó que el presidente del PSOE, Manuel Chaves, a quien se sitúa junto a Rubalcaba, no hablara ayer al plenario después del discurso inicial de Griñán.

El presidente, por su parte, negaba presiones y divisiones, y hablaba de «democracia interna». De hecho, minimizó la fractura en Sevilla argumentando, a un grupo de periodistas, que los críticos en la provincia son «muy ruidosos y muy antiguos».

Fuentes próximas al presidente, negaron, además, que hubiera hecho llamadas para presionar a los delegados anunciándoles que se jugaba su futuro. De hecho, insistieron en su «neutralidad activa» respecto a ambos candidatos y señaló que la apuesta andaluza por Chacón era la expresión del apoyo de los delegados hecha pública por los secretarios provinciales, no la postura del regional. En el cónclave, sin embargo, las divisiones eran patentes y nadie, salvo de puertas afuera sus partidarios, creía en la neutralidad del presidente.

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