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«Éxtasis», el juego de las pastillas

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Al contrario que la cocaína o la heroína, el «éxtasis», la reina de las drogas sintéticas, no tiene una formulación definida, lo que impide al consumidor saber realmente lo que se «mete»

Día 05/02/2012

Casos como el de la violación y asesinato de una anciana a manos de un vecino suyo de la barriada sevillana del Parque Alcosa, que esgrimió en el juicio haber actuado «empastillado» tras una fiesta, han devuelto a primer plano el consumo desaforado de drogas de síntesis en aquellos lugares en que se producen concentraciones de jóvenes. En todos los casos, se trata de sustancias estimulantes que, bajo el nombre genérico de «éxtasis», adoptan las más diversas formas y presentaciones —incluso a veces con llamativas denominaciones secundarias como «polvo de ángel» o «cristal», pero que tienen como única base las anfetaminas.

En cierta medida, podría decirse que se trata del mismo perro pero con distinto collar, entendiendo como tal «collar» las diferentes alteraciones químicas que, sin desvirtuar la base anfetamínica de las pastillas, buscan un resquicio para eludir la no siempre clara línea que separa lo legal de lo ilegal.

Y es que para que una sustancia sea considerada dentro del grupo de las drogas ilegales el único baremo existente es que esté dentro de las listas correspondientes que elabora Naciones Unidas. El problema llega cuando la Policía aprehende una, cien o mil pastillas, las analiza y resulta que su composición química — su ADN— no coincide con ninguna de las contempladas por la ONU.

¿Dónde está la causa? La respuesta es sencilla: para elaborar «éxtasis» no es precisa una logística demasiado complicada. En palabras de José Luis León, experto en cuestiones de drogas y adicciones, un «manitas» de la química es capaz de sintetizar la droga. De la misma manera, una vez que se tiene constancia de que determinada composición química ha sido declarada ilegal, basta con in troducirle una modificación mínima, cambiar uno de sus radicales, para que la fórmula no coincida y, por el momento, entre en esa especie de «limbo» que exime a quien las esté comercializando.

En resumidas cuentas, mientras que drogas como el hachís, la cocaína o la heroína no admiten discusión alguna sobre su ilegalidad, en el caso del «éxtasis» las autoridades val «a remolque» de la realidad. Una realidad que, al mismo tiempo, esconde el riesgo de que, en el caso de una intoxicación, los médicos no sepan a qué atenerse, porque los análisis de urgencia no suelen reflejar con precisión todo lo que ha tomado la persona afectada.

De una manera tan «sintética» como la propia droga de diseño, los consumidores de este tipo de sustancias nunca saben con exactitud lo que están ingiriendo, porque la composición del «éxtasis» cambia tanto como sus múltiples y «atractivas» presentaciones, ya sean sólidas o líquidas. En este sentido, los especialistas advierten de la dificultad que las continuas alteraciones de la formulación presenta a la hora de estudiar o prever los efectos secundarios de este tipo de droga. De hecho, la propia delegada del Plan Nacional sobre Drogas, Nuria Espí, admitía hace escasas fechas que aún existen pocos datos estadísticos, lo que complica aún más la lucha contra estas adicciones.De una manera muy general, se entiende que al tratarse de sustancias estimulantes, las patologías derivadas de ellas, además del daño orgánico de cualquier ingestión masiva de químicos, pasan por una alteración importante del ritmo cardiaco, con el consiguiente riesgo de fallos fatales en el caso de enfermedades endógenas, por lo que de nuevo se complican las estadísticas al no poder concretarse cuántas muertes por fallo cardiaco se deben a la ingestión de «éxtasis». Como datos orientativos, se estima que sólo en el Reino Unido han fallecido entre cuarenta y cien personas por la ingestión de drogas de diseño.

Existe además otra diferencia importante entre unas drogas y otras, ya que mientras la cocaína o la heroína que llega al consumidor ha pasado por una larga lista de procesos de adulteración, el conocido «corte», las pastillas necesitan muy pocos escalones para llegar del laboratorio al consumidor, lo que complica la investigación policial sobre su producción y distribución, ya que en la práctica podría decirse que el «el pastilleo» carece de «camellos», como tales. A ello se une el hecho singular, mucho más acusado que en el caso de las drogas de origen opiáceo, de que en los ámbitos de distribución del éxtasis —por lo general fiestas y concentraciones juveniles— abundan los consumidores que al mismo tiempo son distribuidores.

Por lo demás, a los canales habituales de distribución de drogas se une en los últimos tiempos la venta de todo tipo de sustancias a través de internet, desde fármacos con o sin control sanitario a «éxtasis» en muy distintas formulaciones, pasando por las denominadas «drogas emergentes» como es el caso de las «setas alucinógenas». Se trata de hongos generalmente procedentes de México que se venden a través de la red y que en Sevilla ya han causado casos de intoxicaciones en jóvenes que las han manipulado, pues no es necesario ingerirlas para notar sus efectos.

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