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El clima desprendía un tufillo bélico a las 19.15 de la tarde en los alrededores del polígono industrial de Pinto, ciudad dormitorio de Madrid donde reside Alberto Contador. Guardia Civil para ordenar el tráfico a la entrada del pueblo, coches de la policía local a la entrada del Hotel las Artes donde debía comparecer el ídolo local y más agentes del orden en las inmedicaciones de la puerta giratoria que daba acceso a la sala donde, a las 19.30 en punto, compareció Alberto Contador, el héroe destronado por el dopaje y sus vericuetos político-económico-administrativos. [Así hemos contado la rueda de prensa]
Alguna justificación tenía la asistencia de tanta policía porque la gente mostró una irritación próxima al paroxismo. Un punto de ultra futbolero en defensa de la estrella caída. «Franceses, mamones. Aúpa Contador», proclamaba una pancarta frente a la cristalera del hotel. Manuel Martínez, periodista francés de «L'Equipe», andaluz de origen, familia española, no daba crédito al cariz francófobo de la protesta, que se ha extendido por toda España a lomos de una sinrazón apabullante. «Para mí Contador es un campeón», decía Martínez en terreno abiertamente hostil.
Contador se situó frente a una marabunta nunca vista en el ciclismo de periodistas, cámaras, fotógrafos, auxiliares, paseantes, aficionados y todo tipo de anclajes que conferían a la sala un aspecto de velatorio de un jefe de estado. El campeón español, ganador de ya solo dos Tour de Francia, exhibió un aspecto abatido, totalmente cabizbajo, derrotado por el maratón judicial. Demasiado estrés para el cuerpo.
«Estamos valorando si acudir a la justicia ordinaria. Es posible que lleguemos al final»
Contador está libre en el apartado laboral, aunque eso dio la sensación de ser lo de menos para él. Confirmó, como había anticipado su hermano Fran, que no tira la toalla: «No me retiro. Y seguiré como hasta hora, limpio».
«La resolución deja claro que no me dopé»
El ciclista no entendió, obvio, el duro castigo del TAS: «No puedo comprenderlo. He hecho todo lo posible y en mi alegato final en el TAS le dije al tribunal si podía hacer algo más. Pese a ello, tengo un sentimiento de satisfacción: la resolución deja claro que no me he dopado. Es difícil entender que por una cantidad irrisoria y por un suplemento energético me apliquen la máxima pena».
«Nunca he buscado los números en mi palmarés —indicó un Contador emocionado, electrizante, contagioso en la distancia corta—. Me quedo con los recuerdos que han podido disfrutar los aficionados del ciclismo. Todas las victorias las valoro ahora más por la gente que las ha disfrutado. Ellos son los que deciden quién gana». La sala, teóricamente cerrada al público, irrumpió de repente en un potente aplauso proveniente de los seguidores del ciclista, apostados en las filas traseras.
Mientras las televisiones se pegaban por emitir en directo más que por escuchar al protagonista, Contador no descartó que pueda seguir el litigio judicial en otros frentes. Los tribunales suizos. «Mis abogados están trabajando en el tema y vamos a luchar hasta el final. No hemos tomado todavía una determinación, pero les he dicho que tenemos que llegar hasta el último extremo».



