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El Barcelona saborea la enésima final en la era Guardiola, una alegría que vale mucho en el Camp Nou ahora que le cuesta más que nunca imponer esa exclusividad que le hizo insuperable. Sin florituras, incluso apurado porque otra vez se le olvidó rematar, celebró a lo grande su victoria ante un Valencia irregular y desafía la ilusión del Athletic mientras aguardan fecha —mayo— y escenario. Se repite el duelo de Mestalla en 2009, cita recordada porque fue el primer título acumulado por este Barça de leyenda. Aspira a uno más. [Narración]
Al perezoso despertar del Barcelona le espoleó una carrera de Cesc sin que se intuyera la meta, tan lejos el balón que nadie daba un duro porque la jugada acabara en festejo. Ocurrió al cuarto de hora y sirve esa acción para explicar el desenlace de una semifinal volcánica, seguramente más intensa la primera entrega en Mestalla, pero emocionante como exige un torneo al alza como la Copa. Barcelona y Valencia, al igual que Athletic y Mirandés, dignifican a una competición cuestionada por su formato, pero que en esencia es preciosa e ilusionante. [Estadísticas]
Al Barcelona, con todo, le cuesta más que nunca entrar en calor, desangelado en una puesta en escena de la que se fue sin heridas de milagro. Fue mejor el Valencia en ese arranque, más fiero, pero se fundió precisamente con esa zancada de Cesc que desniveló la serie. Hasta ahí, jugó con cabeza, arrebató la pelota a los azulgrana con todo lo noticioso que resulta y le faltó un palmo para alterar la calma tensa que reinaba en el Camp Nou. Feghouli apuró demasiado en su disparo y ese «uyyyy» puso en alerta a los locales.
Xavi no sólo organiza y toca mejor que nadie, Xavi es un alivio para sus compañeros
Fue un gol que tampoco cambiaba demasiado porque al Valencia le faltaba otro de todos modos, pero el conjunto de Emery se derritió de forma asombrosa con dos centrales, Víctor Ruiz y Rami, que temblaban cada vez que tenían la pelota como si fueran nuevos en esto.
El equipo ya estaba condicionado por la ausencia de Soldado y, en desventaja, se encendió en los primeros compases de una reanudación en la que Pinto se ganó el aplauso, firme en un disparo de Jordi Alba, antes de salir hacia la nada en una ocasión de Aduriz que desbarató Mascherano cuando se cantaba el empate. Fue en otro sesteo azulgrana, que tiende a despreciar los minutos iniciales de cada acto y que algún día puede acabar en susto gordo. Ante el agobio, y después de la expulsión de Feghouli, Xavi hizo lo que otros tenían que hacer. Doce finales para Guardiola.




