Se va porque no tenía nada que hacer en un grupo que está sufriendo las consecuencias de ese congreso funeral
Día 08/02/2012
Eugenio Suárez Palomares se ha ido del palomar. Así se llama el lugar de la oposición en la Granja de San Francisco: el palomar. Situado en lo más alto, allí recalan los que han caído a lo más bajo después de las elecciones, aunque la oposición sea lo que realmente distingue a las democracias de esas dictaduras donde sólo hay sitio para el poder. Suárez Palomares se ha ido del palomar con minúscula, no de ese Palomar que le sirvió a Italo Calvino como título para uno de los libros más inquietantes que podemos leer en esta vida. En ese Palomar de Calvino se nos dan las preceptivas instrucciones para estar muerto, algo que no necesitará Suárez Palomares porque puede vivir de su trabajo: rara avis en ese palomar y en esa granja franciscana por la que han pasado tantos pájaros...
Que se vaya Suárez Palomares del Ayuntamiento es algo más que una anécdota. Es un síntoma de la fiebre que está pasando la política. Mientras los griñaninis sacan las navajas para elaborar unas listas al Parlamento de Andalucía que les permitan atravesar el desierto que se adivina en la lontananza del 25-M, este abogado de reconocido prestigio profesional e intelectual se va por donde llegó sin deberle nada a nadie. Suárez Palomares se va porque no tenía nada que hacer en un grupo municipal que está sufriendo las consecuencias de ese congreso funeral al que llaman federal y que se ha cargado, por ejemplo, el débil liderazgo que había demostrado Juan Espadas hasta ahora. ¿O es que cree Espadas que su labor en el Ayuntamiento iba a ser la misma que en los confortables despachos de la Junta donde no faltaba de «ná»?
Los jóvenes llegan con el cuchillo entre los dientes, sin oficio ni beneficio, sin más experiencia profesional que el retorcimiento del colmillo con el que morderán al primero que se les ponga por delante. A cambio, los sabios curtidos por la vida se marchan sin hacer ruido porque han comprendido que esta política de bajo vuelo, gallinácea y ramplona, vulgar e impía, no tiene nada que ver con ellos. ¿Alguien puede imaginar a Manuel del Valle, a Paco Moreno, a Alfonso Lazo con los griñaninis que intentan matar al padre para quedarse con el único despacho donde podrían trabajar porque no sirven para otra cosa?
El Ayuntamiento de Sevilla sale perdiendo con la renuncia de este concejal que se va a su bufete por eso mismo: porque tiene un sitio al que volver. Espadas debería tentarse la ropa. De su equipo de confianza sólo le quedan tres concejales. Y tres años largos le esperan en el palomar al que no llegan los beneficios del Régimen para el que trabajaba en la comodidad del organigrama. Esto es distinto. Esto es la vida misma llevada a la política. El palomar será más pobre sin Suárez Palomares. Al menos, él sale ganando. Esto no se puede decir de los que salieron por la fuerza de las urnas... ni de aquellos que saldrán por las inevitables consecuencias del congreso funeral.


