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Jesús Martín Cartaya presenta hoy el libro «Sevilla en blanco, negro y color»
Día 09/02/2012
Trianero de nacimiento y de Castilleja de la Cuesta de adopción —donde tiene una plaza con su nombre—. No lleva reloj, no tiene coche y ahora sí le han puesto un móvil... pero está en todos los acontecimientos importantes de la ciudad para plasmar con su cámara —en la era digital sigue fiel al carrete—. Así lleva Jesús Martín Cartaya unos sesenta años. Ahora, el Ayuntamiento de Sevilla ha publicado un libro en el que se recoge parte de su archivo, con textos de Álvaro Pastor Torres, que ha sido quien ha seleccionado las instantáneas y que van desde 1950 a 2011. Seis décadas de un fotógrafo imprescindible para comprender la historia de la ciudad en estos sesenta años.
«Soy discípulo de los Serrano en todo lo que tiene que ver con Sevilla y la Semana Santa, y de Luis Arenas en el Rocío. Mi padre era muy amigo de los Serrano y los domingos me iba con él a su laboratorio. Yo me quedaba allí mientras mi padre iba a Casa Morales con Serrano, el conde de las Natillas, el conde de Colombí...».
Ahí empezaron sus andaduras fotográficas. «Iba a sesiones, a conferencias y cogía experiencia», a la par que se empapaba de todo lo relacionado con la ciudad, con su Semana Santa y con la Feria. «Recuerdo que en un día de Semana Santa podíamos hacer tres o cuatro salidas de cofradías. Ahora, una y para de contar».
Y los toros. Cuarenta y dos años en el mismo lugar de la plaza de toros, la puerta por la que se accedía al antiguo emplazamiento de la enfermería, entre los tendidos 6 y 8. «Siempre he tenido el mismo ángulo». Se queda con el colorido de la Feria y «su paseo de caballos», y asegura que a través de las fotografías del libro «se ve la evolución de la ciudad y sus personajes. Me han interesado siempre los personajes de Sevilla. Ellos se van pero la ciudad queda», a la par que elogia el trabajo de Álvaro Pastor Torres, «que ha le ha dado el valor a estas fotografías, además de haberle puesto texto y maquetarlo».
La obra recoge casi 400 instantáneas de la ciudad, la Feria, Semana Santa, los toros, sus personajes...
El blanco y el negro y el color aparecen en esta publicación. Pero Jesús Martín Cartaya se queda «con el blanco y negro. Pero antes y ahora. El contraste que ofrece no lo tiene la foto en color».
Y algo para tener en cuenta. Sigue utilizando el carrete. «Cada día está más difícil revelar, quedan menos establecimientos. No sé, puede que para este 2012 entre el la fotografía digital...».
Recuerda que la primera fotografía que hizo fue con una kodak de fuelle, en la que plasmó a su hermano Antonio tomando notas sobre la riada. Asegura que cada lugar de la ciudad o cada fiesta «tiene su momento, su chispa y su significado» y vuelve sobre el carrete. «He llegado a captar, en siete instantáneas, una cornada o la ejecución de la suerte de varas, por ejemplo».
Le impresionó el momento de tomar la cogida y muerte de Manolo Montoliú, en 1992, que «la viví muy de cerca», y recuerda su bautismo de sangre cuando Serrano lo llevó a la Cuesta de las Doblas con motivo del accidente mortal de los peregrinos de la Hermandad del Rocío de la Macarena.
Es claro y contundente al señalar que Sevilla «es un semillero de grandes fotógrafos, y ahora también hay una lista de muchos muy buenos». Y sentencia. «El único problema es que hemos nacido en Sevilla y no en el extranjero... yo creo que a los fotógrafos de Sevilla no se les ha hecho justicia. Ahí están los nombres de los Serrano, Arenas, Sánchez del Pando. No nos damos cuenta de que la Semana Santa es conocida mundialmente gracias a las fotografías que han hecho estos maestros».
El libro se presenta esta noche, a partir de las 20.30 horas, en el Palacio de los Marqueses de La Algaba (Plaza Calderón de la Barca s/n), a cargo de José Luis Garrido Bustamante. Y otro dato a tener en cuenta: la obra cuenta con un prólogo de Antonio Burgos y un epílogo de Francisco Robles. «Para mí —abunda Martín Cartaya— ha sido un honor que hayan contribuido con sus palabras a engrandecer este libro. Han sabido captar mi forma de ser, algo que no me extraña conociendo la calidad literaria y humana de ambos».


