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La mejor zarzuela

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Día 09/02/2012

«Luisa Fernanda» es uno de los grandes títulos del repertorio, y justamente nace en una época difícil para la zarzuela, puesto que Moreno Torroba, junto con Sorozábal, son los dos últimos grandes zarzuelistas. Para entonces, la competencia era feroz, agotado el género chico, y el grande amenazado por otros entretenimientos (antiguos como la ópera, o nuevos como el cine). Nuevos recursos debían atraer al público, y la adaptación a situaciones políticas del momento, alternadas con el regionalismo, algo de casticismo frente a un lenguaje burgués o aristocrático, parecían una salida, todo para enmarcar una historia de amor de dobles parejas. Recursos, y también una melodía capaz de la inspiración más abrumadora (el público susurró inconteniblemente el comienzo de la mazurca).

El nivel vocal nos resultó excelente. Empezando por Ana Ibarra, una soprano valenciana que tiene bien asumido su rol, más que lírico, dramático, con una buena homogeneidad sonora y de emisión. Si algún "pero" hubiese que ponerle sería el mismo que a Rey-Joly, el que a veces tenían problemas para hacerse entender, aunque esto es siempre no es fácil. Precisamente de la madrileña nos encanta su frescura, su color sedoso y a veces carnoso, y su seductora línea de canto, más ligera. En cambio a los protagonistas se les entendió todo. En Bros, un visitante habitual, es un placer oírle su registro de lírico, diáfano, poderoso, concentrado y coherente. Aunque pensamos que el triunfador de la noche fue el Vidal del onubense Juan José Rodríguez, en un momento óptimo, con una carrera certera y sin baches que le conozcamos. La compacidad del mismo, su color, su poderoso volumen, pero especialmente -y sobre todo en un barítono- su limpieza de dicción, que no hay frase que no se le entienda. El resto del elenco se desenvolvió bastante bien, si acaso algo de falta de volumen a veces -o bien la orquesta se los comió-. Soler es un joven director que tuvo momentos de buen trabajo con la ROSS, pero a veces se escaparon algunos menos cuidados, teniendo en cuenta que Torroba mima mucho a la orquesta. El coro nos resultó espléndido, baile incluido. La famosa mazurca de las sombrillas estuvo bien apoyada en brillo y luminosidad por un decorado figurativo sobre pantallas de led, que tienen la ventaja sobre el decorado tradicional de su dinamismo, tanto para tornasolarse como para crear sensación de movimiento, como ese precioso final en el que el mundo para Vidal, su dehesa, parece hundirse bajo sus pies.

Zarzuela

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