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A trompicones, el conjunto azulgrana suda ante un Valencia irregular y se cita en mayo con el Athletic de Bilbao
Día 09/02/2012
El Barcelona saborea la enésima final en la era Guardiola, una alegría que vale mucho en el Camp Nou ahora que le cuesta más que nunca imponer esa exclusividad que le hizo insuperable. Sin florituras, incluso apurado porque otra vez se le olvidó rematar, celebró a lo grande su victoria ante un Valencia irregular y desafía la ilusión del Athletic mientras aguardan fecha —mayo— y escenario. Se repite el duelo de Mestalla en 2009, cita recordada porque fue el primer título acumulado por este Barça de leyenda, en una final entre los dominadores del palmarés del torneo copero. Aspira a uno más.
Al perezoso despertar del Barcelona le espoleó una carrera de Cesc sin que se intuyera la meta, tan lejos el balón que nadie daba un duro por que la jugada acabara en festejo. Ocurrió al cuarto de hora y sirve esa acción para explicar el desenlace de una semifinal volcánica, seguramente más intensa la primera entrega en Mestalla, pero emocionante como exige un torneo al alza como la Copa. Barcelona y Valencia, al igual que Athletic y Mirandés, dignifican una competición cuestionada por su formato, pero que en esencia es preciosa e ilusionante.
Al Barcelona, con todo, le cuesta más que nunca entrar en calor, desangelado en una puesta en escena de la que se fue sin heridas de milagro. Fue mejor el Valencia en ese arranque, más fiero, pero se fundió precisamente con esa zancada de Cesc que desniveló la serie. Hasta ahí, jugó con cabeza, arrebató la pelota a los azulgranas con todo lo noticioso que resulta y le faltó un palmo para alterar la calma tensa que reinaba en el Camp Nou. Feghouli apuró demasiado en su disparo y ese «uyyyy» puso en alerta a los locales.
Xavi siempre alivia
Era una noche de hombres, una noche de verdad, puesta en Guardiola la frase y titular de todas las previas. Entendió que no hay más hombre que Xavi, reservado en las últimas dos citas y ayer presente de entrada para dar luz al Barcelona. Xavi no sólo organiza y toca mejor que nadie, Xavi es un alivio para sus compañeros de medular y se lo agradeció más que nadie Cesc, mucho más suelto como volante y definitivamente el socio ideal para Messi. En el cambio de papeles, fue el argentino el que asistió a Fábregas de forma imperial en la carrera que lo cambió todo, al galope desde la fe para luego tocar con sutileza. Corrió mucho, pero la zaga valencianista estuvo lentísima y Diego Alves evidenció que es un portero supremo entre los palos, pero que cuando abandona esa zona pierde todo el encanto. Su salida fue horrible, a mitad de camino, aunque lo arregló con una velada llena de manos.
Fue un gol que tampoco cambiaba demasiado porque al Valencia le faltaba otro de todos modos, pero el conjunto de Emery se derritió de forma asombrosa con dos centrales, Víctor Ruiz y Rami, que temblaban cada vez que tenían la pelota como si fueran nuevos en esto. El equipo ya estaba condicionado por la ausencia de Soldado y, en desventaja, se encendió en los primeros compases de una reanudación en la que Pinto se ganó el aplauso, firme en un disparo de Jordi Alba, antes de salir hacia la nada en una ocasión de Aduriz que desbarató Mascherano cuando se cantaba el empate. Ocurrió en otro momento de sesteo de los azulgranas, que tienden a despreciar los minutos iniciales de cada acto, lo que algún día puede acabar en susto gordo. Ante el agobio, y después de la expulsión de Feghouli, Xavi hizo lo que otros tenían que hacer. Resolución del pase y doce finales para Guardiola.


