Tres años después de que el municipio se declarara en quiebra, los servicios siguen paralizados
Día 09/02/2012
Allá por 2009, cuando empezaron a destaparse los primeros ayuntamientos en quiebra tras el estallido de la burbuja inmobiliaria, el Ayuntamiento de Palomares del Río fue uno de los pioneros en sufrir las consecuencias negativas. En junio de ese año ya se produjeron las primeras movilizaciones de trabajadores reclamando el pago de las nóminas y el impago a proveedores como el servicio eléctrico desde el mes de enero derivó en el cese del suministro en algunas dependencias municipales. Después vinieron los cortes de luz incluso en los colegios y las fiestas y ferias se suspendieron.
El entonces alcalde, el socialista Juan Bautista Ginés, se escudaba en que cuando tomó el testigo en la Alcaldía a la coalición formada por UIPR y el PP, la herencia fue de una deuda de seis millones de euros. La situación se mantiene prácticamente igual hasta ahora. Ese mismo testigo ha pasado a la popular Dolores Rodríguez, actual alcaldesa, que ha tenido que declarar la empresa municipal (Emdespal) en quiebra y en diciembre denunció a los antiguos administradores por la «mala gestión y administración», pues según Rodríguez, «la empresa estaba en quiebra desde 2007». Actualmente se espera la respuesta del Juzgado de lo mercantil. Cinco trabajadores aceptan un despido que desde el Ayuntamiento no pueden pagar, mientras que los 11 restantes esperan la resolución del Juzgado con una carta del Consistorio que les exime de acudir a su puesto de trabajo sin perder sus derechos.
Tres años después continúan los cortes de luz —en esta última ocasión en el edificio de Asuntos Sociales, el Juzgado de Paz y la Iglesia—, las dificultades de pago a los trabajadores —ayer se consiguió ingresar la nómina de enero— y el bloqueo de abono a los proveedores. Los servicios que se prestan desde el Ayuntamiento son mínimos, limitándose a la limpieza de viarios y mantenimiento de jardines y a la prestación de servicios sociales. Y esta situación se ha complicado con el retraso de los pagos por parte de la Diputación, con los anticipos del Opaef correspondientes a septiembre, octubre y noviembre —cuyo cobro se produjo el pasado martes— o el pago por parte de la Junta de lo adelantado por el Consistorio para una escuela taller. «Es un agravio comparativo porque sé que hay pueblos del PSOE que están en situación extrema pero que no tienen estos momentos críticos como nosotros y les llegan antes las ayudas», considera Rodríguez.
La deuda a la que tiene que hacer frente el Consistorio se cifra en 6,6 millones de euros, financiada a cuatro años. «Con cuatro millones de euros que se ingresan al año es imposible hacer frente a esas deudas y prestar servicios», añade. Es por ello que cuando llegó a la alcaldía tras las pasadas elecciones solicitó una refinanciación de la misma para ampliar los plazos a unos 10 años aproximadamente. Sin embargo, el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, al que se dirigió por estipulación de la Junta, denegó esta petición. Ahora, con Mariano Rajoy en la presidencia se ha vuelto a intentar y se está a la espera de una respuesta: «Actualmente cada trimestre tenemos que pagar 370.000 euros. Por lo menos necesitaríamos una financiación a 10 años que nos dejara liquidez para atender las nóminas y los pagos imprescindibles».
Pero a la deuda financiera se suman los pagos pendientes a proveedores, cifrados en dos millones de euros, más facturas de 2009 y 2010 que todavía «siguen apareciendo en carpetas con deudas pendientes de reconocimiento y sin asignación presupuestaria». En total, serán unos 2,9 millones de euros, apunta la primer edil.
Y con todo ello, hay que intentar sacar los 140.000 euros mensuales necesarios para cubrir las nóminas de los 116 trabajadores municipales (después de rescatar de la antigua empresa municipal la guardería, las obras y servicios así como la biblioteca). Una plantilla que la alcaldesa considera justa a las necesidades del municipio.
Mientras que se resuelven estos problemas, las intenciones de mejorar se mantienen guardadas en el cajón: se posterga la ilusión de «aumentar la plantilla de la Policía para que el servicio nocturno sea bueno, contar con más gente para tener las calles más limpias, agilizar la recogida de poda, hacer conciertos con empresas de autobuses para facilitar la movilidad hacia el Metro de Mairena, que está a tres kilómetros, etcétera».
Ante esta situación, hasta los vecinos se han ofrecido en el Ayuntamiento para formar grupos de trabajo y realizar tareas en la calle. «Les agradezco muchísimo la comprensión que están mostrando. Están demostrando madurez, asumiendo la situación de manera ejemplar».
Y se lamenta de la situación a la que están llevando a los proveedores: «Somos responsables del desastre de las pymes en nuestro pueblo. Las estamos llevando a la ruina porque no les pagamos».
¿Por qué se ha llegado a esto? La alcaldesa lo tiene claro: «La gestión en años precedentes ha sido lamentable, penosa. Porque en este pueblo se ha construido mucho y ha entrado mucho dinero y ahora el dinero no está. También había una empresa municipal que desde hace cuatro años mantenía a los trabajadores con los encargos que hacía el propio Ayuntamiento, porque nadie les contrataba nada».


