Sevilla

Sevilla / NO DO

Ni tradición ni modernidad

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Cada cierto tiempo se reabre el debate del Arte en esta ciudad atada a los ciclos que van marcando el pulso de su existir

Día 09/02/2012

Marchitará la rosa este viento helado que recorre la ciudad con el filo acuchillado de sus dientes, y todo lo mudará la edad ligera para no dejar por embustero a Garcilaso de la Vega. El tiempo no hace mudanza en su costumbre, como escribió el poeta del Renacimiento anticipándose a los tópicos del Barroco: memento mori, in ictu oculi, tempus fugit,llena esto y pon media de pavías que nos vamos a morir... Todo caerá como caen las hojas de los tacos de almanaque, pero hay algo que se resiste a ese inevitable tránsito: el Arte con la mayúscula de la Belleza.

Cada cierto tiempo se reabre el debate sobre la tradición y la modernidad del Arte en esta ciudad atada a los ciclos que van marcando el pulso de su existir o incluso de su ser. Así ha ocurrido con la muerte de Tapies, que nos dejó un cartel de la Bienal de Flamenco donde no traicionó su estilo como hacen otros cuando se enfrentan con algo relacionado con la tradición. Identificar a Tapies con el progreso para darle caña a la ciudad anclada en el pasado es una falacia que no se sostiene ni con los naipes marcados que maneja el mester de progresía. Si Sevilla no ha progresado durante los años en que la gobernó el mismo partido desde todas las administraciones habidas y por haber, no ha sido por culpa de los rancios, de los carcas, de esa turba creada ad hoc para salvar a esos impostores que aceptan cigala como animal de compañía.

El debate no está en el binomio de la tradición y la modernidad, porque la una puede identificarse con la otra de la forma más natural del mundo. La discusión está en otra parte: en la calidad. En Sevilla hace falta lo mismo que necesita el albañil para que el pretil de una azotea le salga perfecto: nivel. Sevilla necesita un nivel de calidad que nos acerque a los años de su esplendor, a ese Renacimiento que acogió a los artistas que venían desde la mejor Europa para sacarle los relieves a los tímpanos de esa locura gótica con forma de Catedral, al Barroco que talló Cristos soñadores o agonizantes, Vírgenes donde la mano del Creador dejó las huellas dactilares de su genio. Sevilla fue grande y fue íntima con los poetas, los pintores, los arquitectos que la recrearon en los años del Mediodía, en ese primer tercio del siglo XX donde la ciudad se reinventó a sí misma.

Ese es el reto. Lo demás se reduce a los debates estériles, a la superchería partidista y partidaria, al reduccionismo que sólo les sirve a los nostálgicos de las cavernas del pasado. Moderno es Garcilaso en sus sonetos y modernísima es la Semana Santa que renacerá cuando este viento helado se rinda ante la rosa que nunca podrá marchitar para no hacer mudanza en la costumbre. El Miércoles de Ceniza la ciudad renacerá de la memoria, ese rescoldo que nos calienta en días como éste y que nos sirve para deshacer el falso entuerto de los contrarios. Ni tradición ni modernidad: calidad.

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