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Hace una década, fueron las series de jóvenes metidos en problemas y líos personales. «Al salir de Clase», «Un paso adelante», luego emulados por «Compañeros» o «Física y Química», entre otros títulos. La siguiente invasión de las parrillas de televisión la protagonizaron las series que tenían al médico como profesional (fetiche) de cabecera. El gusto por la novela de ficción histórica lleva a ventas masivas de esos ejemplares que en la pequeña pantalla nacional inauguró en 2009 el estreno de «Águila Roja» (creada por Daniel Écija, se ha vendido a una veintena de países y adaptada por el conocido productor, incluso, para una versión cinematográfica). Durante la primera temporada (y se han emitido ya adelantos de las imágenes grabadas para la quinta) esta serie de la productora Globomedia para La 1 de Televisión Española «rompió techo» y llegó a anclar en el sofá a un 30% del share.
A pesar de la encrucijada presupuestaria que atraviesan ésta y otras series de TVE en estas fechas, los títulos de series se han ido reproduciendo en todas las cadenas como hongos: «Amar en tiempos revueltos», «Piratas», «Tierra de Lobos», «Hispania», «Los Borgia», «Los Tudor», «Bandolera», «Toledo. Cruce de Destinos»... Con mejor o peor resultado de «taquilla», lo cierto es que estas series con un contexto histórico adaptado a los espectadores del siglo XXI se han apoderado de la sobremesa y el prime-time español.
Relatos personales con licencias estéticas
Las claves que repiten todas estas superproducciones, que cuestan una media de 150.000 euros más por capítulo que otra serie normal, son atrezzos y decorados llamativos e itinerantes, se toman algunas licencias estéticas pero el vestuario y la ambientación está cuidada con esmero, y los guiones -se cometen algunos gazapos históricos propios de la ficción- se arremolinan en torno a historias de insurrectos débiles y valerosos que se levantan contra los fuertes, personas ultrajadas por nobles leones con piel de cordero, o aristócratas impertinentes.
Todas las cadenas han apostado por estas series de época, en las que encadenan el retrato de personajes de nuestra historia a través de sus dramas personales, sus bajas pasiones, sus venganzas o pasiones desenfrenadas. Ramón Campos, creador de «Hispania» y socio de la productora «Bambú Producciones» que emite la serie en Antena 3, consideró en una entrevista a Efe que el espectador comparte la emoción de lo que está visionando pero «sin sentir la vergüenza de ver un culebrón».
«Isabel» (TVE) será la penúltima secuela de esta fiebre cíclica por las series históricas
«Isabel», la más reciente
La primera temporada de «Isabel», la nueva superproducción preparada para TVE acabó de rodarse el pasado mes de diciembre. Pese a los contratiempos para su puesta en antena, la serie protagonizada por Michelle Jenner y Rodolfo Sancho (en la piel de la reina Isabel de Castilla y Fernando de Aragón) ejemplifica como pocas todo este afán por adaptar un contexto histórico, tratarlo y acercarlo al espectador con la fórmula del espectáculo que entretiene por bandera. Al paso de la producción sobre un «ninja» en el siglo de Oro que abrió la moda de la ficción nacional del género, esta serie producida por Diagonal TV «muestra a una mujer que tenía imposible llegar donde llegar y lo hizo», pronunció en una entrevista en RTVE.es el director argumental, Javier Olivares. Se trata de recrear una «Isabel más humana» y, en cuanto a la fidelidad histórica, se trabaja en la adaptación del escenario y los personajes de la mejor forma posible, aunque con las dificultades que supone recrear, por ejemplo, los campos de batalla.
Será la penúltima secuela más de esta fiebre «cíclica» por la ficción histórica que se contraprograma en las televisiones y que -se comprobará a medio plazo- puede quedarse o no entre nosotros.



