Este año, por mor de la climatología,la gripe ha entrado algo más tardía, aunque ya se está haciendo notar. De hecho, en la última semana de enero se ha registrado una tasa de 250 casos por 100.000 habitantes, por encima de la media andaluza —167 casos— en el mismo periodo y nivel de población, según la información más reciente facilitada por la Delegación Provincial de Salud. El dato es llamativo si se tiene en cuenta que en la última semana de 2011, en Navidad y en plena temporada invernal, sólo se contabilizaron 46 casos por 100.000 habitantes frente al índice que, por ejemplo, se registró en la primera semana del pasado octubre con una tasa de 65 por 100.000 habitantes.
Pero aunque en estos días asistamos a un momento de máxima incidencia de la gripe, desde la red de médicos centinelas que vigila su evolución se afirma que «no hay motivo para la alarma, pues sigue un patrón similar al de otros años», llegándose a cifrar como «media» la intensidad en lo que respecta al territorio andaluz. Según ha explicado a ABC el doctor Miguel Sagristá, «es probable que Sevilla durante esta semana y la siguiente continúe con niveles altos para comenzar a decrecer a partir de entonces».
El virus y su contagio
Aunque los casos se hayan disparado casi coincidiendo con la llegada de la primera ola de frío, no puede considerarse este último factor como su causante. «El virus se propaga con mayor facilidad en situación de frío, si bien no es este factor en sí mismo el que la provoca», comenta el doctor Sagristá, quien alude a circunstancias que suelen acompañar a estos fenómenos de bajas temperaturas, como la presencia de espacios menos ventilados y la mayor proximidad de personas en recintos cerrados, entre las condiciones que la favorecen. Es por eso por lo que se aconseja que las personas con gripe eviten estornudar o toser cerca de otras que no presenten contagio y que se protejan con las manos para no expandir virus a la atmósfera.
La sintomatología que conlleva la gripe —estornudos, fiebre, malestar...— es fácilmente asociable a otras patologías que pueden confundir a la población. Es el caso de catarros de vías altas o bronquitis, muy usuales, por otra parte, en estas fechas del año. La vacunación, dentro del calendario previsto, se recomienda como medida preventiva para aquellos colectivos considerados de riesgo en los que la gripe puede provocar mayores estragos, como las personas de más de 65 años de edad, pacientes con enfermedades crónicas y niños pequeños con enfermedades relevantes.
«La vacuna protege de la gripe, pero no del catarro de las vías altas», apunta Miguel Sagristá, quien reconoce que se están saturando muchas consultas por problemas que no tienen nada que ver con el virus de la gripe y para el cual se sigue un tratamiento sintomático, a base de antitérmicos para la fiebre y abundante hidratación.
Con cuidados generales, la duración de esta enfermedad suele rondar entre los tres y los siete días. «Es un cuadro vírico contra el que no funcionan los antibióticos. Hay que pasarla —dice Sagristá— y los médicos ayudamos tratando sus síntomas».



