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España resolvió con angustias un viernes gélido en Oviedo, incapaz de calentar a una ciudad que todavía no vibra con la Copa Davis. Se defiende la corona y el primer paso lo dio en la sombra, medio fantasma esta eliminatoria invernal que descubre el potencial de Kazajistán en el estreno de Álex Corretja como capitán. El Palacio de los Deportes, desangelado y con media grada por poblar, sufrió el primer día porque Juan Carlos Ferrero y Nicolás Almagro tuvieron trabajo extra ante dos tenistas de difícil pronunciación, desconocidos para el público en general pese a que ambos se expresan muy bien a su manera. La gente, con todo, se fue contenta ya que se queda con el 2-0 y con la posibilidad de solventar la serie con el dobles de esta tarde (15.00 horas, TDP), pero a España le cuesta más de la cuenta entrar en calor. Para ello tiene que sudar.
Ferrero necesita cinco sets ante Mikhail Kukushkin, 61 del mundo, inconsistente en su montaña rusa pese a exhibir una derecha sorprendente y un revés peligrosísimo. Almagro, por contra, gana en cuatro mangas ante Andrey Golubev, 132, un tipo duro que en cada golpe lanza una bomba. Son dos victorias que justifican el favoritismo de un equipo que no pierde como local desde 1999 y que se enfrenta a una brusca transición ya que no están ni Rafa Nadal, ni David Ferrer, ni Feliciano López ni Fernando Verdasco, campeones hace dos meses en Sevilla. Hay otra España y compite igual de bien, alimentada la fe por los consejos de un Corretja que anima desde la banda como el que más. «Ha estado perfecto, te mantiene todo el tiempo alerta», resaltó Ferrero de su jefe, con quien ganó la primera Ensaladera en la final de 2000. Ahora escucha sus consejos.
Los necesitó el valenciano en un partido de ida y vuelta, difícil de resumir porque empezó muy bien antes de que se apagara y reclamara en varias ocasiones la participación del fisioterapeuta para tratarse los aductores. Después de un primer parcial sin historia, desapareció cuando mandaba en el segundo y se vio 4-0 en el tercero, una situación inesperada. «He sufrido más de la cuenta», señaló al final mientras su rival se quejaba del frío. Kukushkin, de origen ruso como todos sus compañeros que defienden bandera a cambio de un buen pellizco, denunciaba las temperaturas glaciales de la pista española después de cuatro horas y 28 minutos de debate. «Habría necesitado hasta cinco camisetas», exclamó la primera raqueta de Kazajistán.
Duró menos la faena de Almagro, dos horas y 23 minutos, pero su viaje hacia el triunfo también tuvo turbulencias. Golubev le plantó cara en el segundo set a base de raquetazos y a partir de esa tortura emergió lo mejor del murciano, volcánico en sus festejos. Los cuartos de final quedan a un punto, España reclama el calor de Oviedo.
Marc y Marcel, el doble
A Marc López le llaman «el Boleta», una manera gráfica y cariñosa para definirle cuando era niño, sin demasiada altura y algo redondo en sus formas (1,75 metros, 71 kilos). No aparece entre los mejores individuales del mundo, de hecho es el 1.136, pero hoy, a sus 29 años, se estrena en la Copa Davis como titular en un punto que puede ser decisivo. Le avala una muñeca muy fina y una manera de entender el dobles poco común entre los tenistas españoles, 42 en el ranking por parejas. «Es una gran responsabilidad», resume con firmeza mientras le observa Marcel Granollers, su compañero en la batalla contra el desconocido tándem kazajo que forman Shukin-Korolev.
Se presenta un tenista especial que entiende la pista de otro modo, dedicado en cuerpo y alma a un circuito que no tiene cobertura en España porque los dobles nunca han sido tan exitosos. «La gente lo sigue menos, pero también tiene su público», defiende López, que a solas nunca llegó al «top 100», pero en doble tiene cinco títulos, tres de ellos con su amigo Rafa Nadal (Doha en 2009 y 2011, Indian Wells en 2010), con quien comparte horas y apuestas en la consola. Le falta pareja estable y Corretja se atreve con dos especialistas para garantizar un punto que siempre ha generado debate.


