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Las gestiones del Ministerio de Defensa para vender 250 tanques Leopardo a Arabia Saudí han llegado a un momento decisivo. Este contrato, valorado en casi 3.000 millones de euros, es vital para General Dynamics-Santa Bárbara y, muy especialmente, para su factoría de Alcalá de Guadaíra (Sevilla), ya que en estas instalaciones es donde se realiza el montaje final de estos carros de combate. En su construcción también participan empresas como Indra, Amper o Tecnobit.
En los últimos años, la factoría hispalense ha ensamblado más de doscientos Leopardos, cuyo destino ha sido el ejército español. Sin embargo, una vez que concluya este pedido (y en este momento ya sólo quedan por entregar cuatro unidades), la línea de montaje debería cerrarse. Frente a ello, si las conversaciones con el país árabe llegan a buen puerto, se podría mantener a plena actividad durante, al menos, otros seis años.
Estas negociaciones se mantienen en absoluto secreto. Sin embargo, según ha podido saber ABC, el Ejecutivo español ya está preparando una reunión mixta con el gobierno saudí para preparar una propuesta final.
Éste fue, de hecho, uno de los últimos empeños de Constantino Méndez (secretario de Estado de Defensa con la ministra Carme Chacón). En una carta a la que ha tenido acceso este periódico, fechada el pasado 12 de diciembre, el dirigente socialista comunicaba al Gobierno saudí que «ya se han dado las instrucciones para que se avance en la preparación de una oferta definitiva del carro Leopardo, según los requerimientos exigidos por el reino de Arabia».
Tan sólo una semana antes de que Mariano Rajoy nombrara a su nuevo Gobierno, Méndez añadía que pronto habría un nuevo secretario de Estado que «trabajará en este sentido con la misma determinación con que yo lo he hecho».
Reunión
Según fuentes conocedoras de la operación, el nuevo número dos de Defensa, Pedro Argüelles, ya está preparando otra carta para convocar esta reunión mixta con los dirigentes del país del Golfo. La pregunta es: ¿Cuáles son ahora los principales retos para que esta operación se culmine con éxito?
En primer lugar, la industria española debe «saudizar» el tanque. Es decir: hacer una serie de cambios en su configuración para adaptarlo a la dura climatología del desierto. Para ello, una de las primeras exigencias es introducir en el Leopardo un sistema de aire acondicionado. El pasado verano, el carro de Santa Bárbara ya realizó unos test en Arabia. En aquel momento, se detectaron algunos aspectos en los que también había que introducir mejoras, como en la potencia del motor, para que avanzara de forma más rápida en las zonas arenosas.
En el caso de que las negociaciones sigan adelante, la industria española debería tener un nuevo prototipo listo con las nuevas modificaciones para el próximo mes de julio, bajo la premisa de volver a someter a examen su comportamiento en los días más calurosos del estío en el desierto. En este sentido, los plazos ya son muy ajustados, ya que las compañías que participan en la construcción del Leopardo necesitan, al menos, tres o cuatro meses para preparar este nuevo modelo para los tests.
General Dynamics-Santa Bárbara tiene una plantilla de 250 personas en su factoría de Sevilla. Si se cerrara el contrato con los saudíes, la línea de montaje garantizaría su viabilidad, al amortiguar las consecuencias de la drástica bajada de los presupuestos de Defensa en España.
Pero en esta dura batalla hay más enemigos. Las compañías que participan en este proyecto tendrán que competir duramente con otros países para lograr el contrato y, muy especialmente, con Alemania. Hay que recordar que el propietario de la tecnología de los Leopardo es Krauss-Maffei (un gigante de la industria militar con sede en Múnich) y, por lo tanto, las exportaciones de éstos requieren del visto bueno del Gobierno germano.
Licencias
España selló un acuerdo para ensamblar su propia versión de estos tanques en Sevilla, pero el pacto no contemplaba la venta a terceros países. Por ello, está obligada a obtener una licencia de Alemania. Los negociadores españoles pensaban que esto iba a ser fácil, pues más de un 30% de los ingresos del contrato se quedaría en Alemania. Sin embargo, el Ejecutivo de Angela Merkel podría estar maniobrando para liderar la venta directamente con Arabia Saudí y lograr así la mayor parte del negocio. Más allá de este importante escollo, la palabra final la tendrá la monarquía saudí. Y hoy por hoy, las espadas están en todo lo alto.


