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Día 13/02/2012
Germán Sánchez Ruipérez fue un editor apasionado por el futuro y la creación de la fundación que lleva su nombre no es sino la realización de su visión innovadora sobre lo que significaba el libro y la lectura.
He conocido pocas personas con una vocación tan acusada de emprendedor como la suya, que aplicaba a todos y cada uno de los ámbitos en los que trabajaba, rompiendo convenciones y eliminando obstáculos a la consecución de sus sueños. En estos tiempos de grandes cambios en el mundo del libro, resulta inspirador recordar sus ideas sobre el significado transformador de la lectura y su convicción en que precisamente la misma ahora se convierte en el equipaje crucial para construir una ciudadanía libre y preparada para cualquier desafío.
Para Germán la revolución digital y el fenómeno de difusión de la tecnologías de información y del conocimiento en la sociedad era la gran oportunidad para la extensión y profundización de la experiencia lectora. Se trataba de un editor especial, con una actitud diferente a la mayoría del sector en relación con este asunto, porque desde un primer momento vio en lo tecnológico una gran oportunidad.
Desde la perspectiva que le otorgaba lo que él denominaba «mi obra más querida», la fundación que lleva su nombre, Germán comprendió que el medio digital tenía un valor transmisor universal y casi instantáneo que ahora permitía cumplir el sueño de «romper las barreras académicas artificiales y propiciar el encuentro de personas y escuelas, de individuos y de conceptos, de visiones diversas de la realidad».
Con esa finalidad decidió crear uno más de los centros de su fundación, el Centro Internacional de Tecnologías Avanzadas para el Medio Rural, ubicado en su querida Peñaranda de Bracamonte. En este lugar sorprendente se puede observar cada día el espectáculo emocionante de los ciudadanos de la comarca haciendo suyas las instalaciones del edificio diseñado por Álvaro Siza y Hernández de León, en las que acceden a los últimos recursos tecnológicos para la educación y el disfrute de la cultura. Cuando Germán hablaba en público sobre este asunto insistía en que el flujo veloz y sin fronteras de la información debía asentarse en una lectura competente y asidua, crítica y madura para que el nuevo entorno digital no se convirtiera en un espejismo.
Esta es la apuesta rompedora que Germán, a través de su fundación, ha venido realizando desde 1981 con una mirada desinhibida y plena de esperanza orientada a los nuevos medios digitales. Desde esta trayectoria su fundación es reconocida internacionalmente como pionera en la implantación de las tecnologías en las bibliotecas, en el medio educativo, en los clubes de lectura, en el inicio de la lectura de los más pequeños.
Precisamente Germán se lanzó a su última aventura, la Casa del Lector, desde la convicción de que la ciudad de Madrid merecía acoger lo que representaba la culminación de toda la trayectoria de la fundación y que este centro debía ser como la propia lectura: «que quiere ofrecerse sin límites y en igualdad de oportunidades para todos. Con vocación internacional. Con nuestra permanente intención de profesionalidad, independencia y eficacia. Con el afán, de ahí también su nombre, de convertirse en un verdadero hogar de lectores».


