Sevilla

Sevilla / fernando carrasco, periodista y escritor

«Blindaría todos los camarines de nuestras iglesias; hay mucho loco suelto»

No es fácil escribir un libro. Menos aún que sea bueno. Pero más difícil todavía es que el libro lleve cinco ediciones. Ese es el caso de la novela de Fernando Carrasco «El hombre que esculpió a Dios» (Jirones de Azul)

Día 13/02/2012 - 20.27h
«Blindaría todos los camarines de nuestras iglesias; hay mucho loco suelto»
KAKO RANGEL

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—Cinco ediciones lleva su novela. ¿Cómo lo celebra?

—Viendo que después de tres años en los escaparates el libro se sigue vendiendo y me para por la calle mucha gente para decirme que han releído el libro. Es una satisfacción enorme.

—Además consigue usted ese récord en la capital de la comunidad que menos lee de España…

—No lo sabía. Sé que cada día hay más escritores sevillanos que publican. Es paradójico, crece el número de autores pero disminuyen los lectores.

—Tiene noticias de que su libro es de lectura obligada en algunos institutos sevillanos?

—Sí, lo sé. Me comunicaron hace unas semanas que en un par de institutos sevillanos se tiene como lectura obligada. Ni que decir tiene que me he comprometido con esos institutos para ir a hacer comentarios de textos con los alumnos.

—¿Cómo se le ocurrió la novela?

—Nació un día en una iglesia. Entré y me senté a rezar. En la iglesia solo había dos personas y mayores. Y me pregunté: si aquí entra un perturbado qué protección tiene las imágenes. Esa fue la chispa.

—Es una novela muy televisiva. ¿No ha tenido ofertas para llevarla a la televisión?

—De momento no. Pero creo que es cierto, la novela es muy televisiva, y como usted comprenderá no tengo nada en contra de que la novela se pueda adaptar a un guión televisivo o cinematográfico.

—Realmente es un hallazgo convertir en relato policíaco un tema con trasfondo cofradiero…

—Sí, sí, es una novela negra con todos sus avíos. Ocurre que Juan de Mesa y una profesora del Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico se convierten en algo parecido, salvando tiempo histórico y temas, en la intriga del «Halcón maltés». Por eso creo que el nervio de la novela es muy televisivo.

—¿Se declara lector voraz del género negro?

—No, no lo soy. Me gusta pero prefiero leer la narrativa latinoamericana. Soy incondicional de García Márquez. También lo soy de los narraluces, creo que es el escalón donde nos apoyamos los escritores andaluces.

—Dígame de quién declara incondicional de los narraluces.

—Para mi hay dos: Julio Manuel de la Rosa, escritor no lo suficientemente ponderado; y Alfonso Grosso.

—La duplicidad de imágenes religiosas aparece en su novela como elemento de la intriga. Más allá de leyendas urbanas, ¿hay en Sevilla imágenes duplicadas?

—Forma parte de esa leyenda urbana de la ciudad y ha habido proyectos de alguna hermandad de proteger la imagen original haciendo copias e incluso haciendo por ordenador copias exactas.

—¿Me confirma, entonces, que las imágenes que van en lo alto de los pasos en Semana Santa son las auténticas, las originales?

—Yo quiero pensar eso.

—¿Nunca le atrajo la madrugá del pánico como argumento de una novela policiaca?

—Juan Miguel Vega, nuestro compañero de profesión, ya se fijó en ese tema y escribió, a mi parecer, una buena novela. No creo que tenga sentido escribir otra.

—Pues dicen que la Policía Local tuvo un papel estelar aquella noche…

—Exactamente. Le remito a lo que escribió Vega en su novela, que no fue otra cosa que describir lo que la Policía hizo o dejó de hacer en aquella funesta madrugada.

—¿Blindaría todos los camarines de nuestras iglesias?

—Absolutamente. Le reitero que hoy por hoy cualquiera puede acceder a la práctica totalidad de nuestras imágenes. Acuérdese del triste episodio del Gran Poder.

—Creo que anda liado con otra novela…

—Sí señor. Pero no tiene nada que ver con ninguna de las dos anteriores.

—La sitúa usted entre Jerusalén y la Híspalis del siglo IV d C. Un tiempo de decadencia…

—Pero no es la novela de un mundo en decadencia. Arranca con el descubrimiento por Santa Elena de la cruz de Cristo.

—¿Espera que alguna novela lo redima del periodismo?

—Llevo toda mi vida en una redacción y en la calle. Y temo que no sé cómo me adaptaría a otra situación.

En lo colegios

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