Cultura

Cultura / Fernando García de Cortázar, historiador

«Esta crisis es de valores éticos y habrá que volver a ellos para que pase»

Compartir

El autor de «Breve Historia de España» recuerda hoy en Sevilla con una conferencia en el Centro de Estudios Teológicos de Sevilla el 50 aniversario del Concilio Vaticano II

Día 15/02/2012

Fernando García de Cortázar (Bilbao, 1942) es catedrático de Historia Contemporánea y autor de más de sesenta libros y ensayos que ha logrado colocar en las listas de los más vendidos de España. Pronto saldrá a la luz su primera novela.

—¿Por qué fue tan importante el Concilio Vaticano II?

—Porque fue el primer intento de hacer prevalecer la ética sobre el rito. Había una canción de los Beatles en esa época que decía «Todos queremos cambiar el mundo». Había que cambiar el mundo y la Iglesia se incorporó a ese deseo universal.

—¿Y que significó para la Iglesia?

—Una gran mejora de su imagen. Entre 1881, cuando miles de romanos trataron de echar al Tíber los despojos del cadáver del Papa Pío IX, y 1963, cuando media humanidad asistió entristecida a los funerales de Juan XXIII se opera un cambio espectacular en la imagen de la Iglesia en el mundo. El Vaticano II certificó esa enorme evolución y el intento de reconciliación con el mundo del que la Iglesia se había apartado.

—¿Cuál cree que es la imagen de la Iglesia en España hoy?

—Yo creo que la Iglesia ha perdido vuelo y visibilidad y que está bastante a la defensiva.

—¿Y a qué cree que se debe esa elevada pérdida de vocaciones?

—Creo que no se debe únicamente a la secularización general, especialmente en Europa, sino también a la baja natalidad que impide el reclutamiento de personas para las congregaciones como en épocas pretéritas.

—¿El laicismo que debe caracterizar al Estado es incompatible con la protección de las creencias religiosas, como parece haber sucedido durante estos últimos años?

—No, pero yo creo sinceramente que al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios. Decía Voltaire que las guerras de religión acabaron cuando los Estados dejaron de hacer teología. La Iglesia tiene que saber que es una voz más en la democracia, una voz importante pero una voz, nada más.

—¿Cree que no lo sabe?

—No sé si lo sabe, pero si sé que no podemos volver al nacional catolicismo que tan malos resultados le dio a la Iglesia en épocas pasadas.

—¿Piensa que la Iglesia pretende retroceder a esa época?

—La Iglesia siempre tiene la tentación de intervenir cuando hay una pluralidad de éticas o de respuestas al fenómeno religioso. Hay que estar vigilante para no caer en esa tentación de imponer un régimen de cristiandad.

—¿El Concilio Vaticano II fue una advertencia contra eso?

—Fue un aire fresco que se le dio a la Iglesia en un momento en que había muchas abandonos de los seminarios, pero más allá de las construcciones admirables del Vaticano II quedaron flecos pendientes, sobre todo que faltara libertad interna cuando se reivindicaba precisamente una gran libertad hacia fuera.

Crisis y religión

—Decía Gil de Biedma que «la historia es una marea que todo lo devora». ¿Va a pasar esto con la crisis, que va a devorar a España?

—Lo peor de esta crisis económica es que se basa en una gran crisis de valores, una falta de principios morales y éticos y un gran cansancio cultural. La causa de esta crisis es la falta de escrúpulos morales y la embriaguez del despilfarro. La consecuencia fue que la reflexión intelectual se sustituyó por la dormidera televisiva y la búsqueda frenética del placer inmediato por la serena felicidad.

—¿Y qué es lo que cree que va a quedar debajo del agua cuando pase toda esta marea que nos inunda?

—Puede que lo que quede debajo sea justo lo primero que se sustituyó antes de iniciarse esta crisis.

—¿A qué se refiere exactamente?

—Por ejemplo, a la recuperación de la autoridad del profesor y del esfuerzo y la responsabilidad del alumno frente a la promoción automática; o la recuperación de la cultura en lugar de la evasión o el simple matar el tiempo y el dejarse llevar por un mundo sin raíces y sin compromisos. Habrá que volver a ellos para que pase.

—¿Una crisis tan dura nos puede mover a mirar más a la religión?

—Creo que sí, pero sería bueno que fuera a la religión entendida como ética y gran compendio de valores y convicciones, no como rito.

—¿Y no cree que la Iglesia debería aprovechar este momento difícil para mejorar su proyección social?

—Sí, es una oportunidad para reforzar su proyección social y su compromiso con la justicia social. El fracaso de la Iglesia ha sido el fracaso social de no exigir a la burguesía una respuesta en beneficio de toda la humanidad.

  • Compartir

publicidad
Lo último...
Lo más...

Copyright © ABC Periódico Electrónico S.L.U.