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Las rebajas hechas por Standard & Poor's, Fitch y Moody's en poco más de un mes a buena parte del Viejo Continente apenas han dejado huella
Día 15/02/2012
Pocas veces en la flemática Bruselas se habían escuchado palabras tan duras. «Tiene motivaciones políticas», sentenció sin tapujos un consejero del Banco Central Europeo (BCE) el pasado 13 de enero. Ese día los líderes europeos montaron en cólera. Standard & Poor's rebajó la nota de nueve países de la eurozona y «robó» a Francia su hasta entonces intocable matrícula de honor («triple A»). Amenazaba así con echar por tierra el reciente e idílico pacto Merkel-Sarkozy para una futura Unión Europea más fuerte y solvente. No hubiera hecho falta: se antoja que los mercados hace tiempo que han dejado de escuchar a las agencias de «rating», que más que nunca parecen lanzar golpes al aire.
Valga el ejemplo de España. Ese día, S&P bajó dos escalones la nota de nuestro país. La Bolsa de Madrid apenas se inmutó: cerró la jornada subiendo un ligero 0,28% y evitando el derrumbe de ocasiones anteriores. La prima de riesgo, que mide la diferencia entre lo que paga España por sus bonos a diez años y lo que paga Alemania, referente de solvencia, pasó de 330 a 346 puntos básicos. Peores sesiones había vivido. Esa misma semana el Tesoro colocó deuda soberana por 5.000 millones de euros y a un precio un 50% más bajo.
Más. Fitch se puso a la altura de S&P unos días después. «Muchas veces parecen competir entre ellas», dijo entonces José Manuel González-Páramo, en un encuentro con periodistas en Madrid. El 27 de enero esta agencia bajó notas a Italia, Bélgica, Eslovenia, Chipre y también España. El Ibex retrocedió un tímido 0,65% y la prima de riesgo reaccionó con una caída de 23 puntos, hasta los 311 puntos básicos.


