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La voz de alarma surgió del cubículo más imprevisto. Jean François Caubet, el tipo que sustituyó a Flavio Briatore en la factoría Renault (ahora Lotus-Renault), anticipó el desasosiego general en unas declaraciones que no benefician a la libre competencia en el negocio de la F-1. «Red Bull es la escudería que ha logrado la solución más inteligente en los escapes soplados». Montmeló acogió ayer la segunda ronda de entrenamientos públicos en la pretemporada de la F-1 y el desenlace emite un diagnóstico inquietante: Vettel ya está al mando.
Es tiempo de propaganda y optimismo en la Fórmula 1. Intervalo para comprobar si la imaginación de los ingenieros, esos personajes sesudos tan aparentemente alejados del deporte y sus emociones, ha cuajado en un prototipo ocurrente y veloz. Los tiempos en la tabla de resultados y, sobre todo, las insinuaciones de los jefes de Red Bull indican que empiezan dominando psicológicamente a sus rivales.
Vettel dio 79 vueltas y marcó el mejor registro del día, 1:23.265. El alemán Hulkenberg (Force India) fue segundo y Fernando Alonso (Ferrari) ocupó la quinta posición (1:24.100). La actividad de Vettel con su Red Bull se enmarca en los programas de pretemporada de los equipos, que buscan más una puesta a punto y una confluencia de factores, especialmente lo que se se refiere a la adaptación a los neumáticos Pirelli —más blandos que los del año pasado—, que liderar las tablas de tiempos.
No hubo malas noticias para Fernando Alonso, que fue rápido con el Ferrari en las tandas largas, pero lo que altera los biorritmos de la Fórmula 1 es que Red Bull esconde más ideas, piezas y proyectos de lo que expone en la pista. Su coche se parecerá muy poco dentro de un mes al que ayer compareció en Montmeló. Y a esa baza de desgaste psicológico juegan los jefes de la escudería energética.
La FIA prohibió este año los escapes soplados (el gas procedente los tubos de escape se dirigía al difusor trasero y provocaba más agarre del coche en la pista) en un intento de amortiguar el gobierno de Red Bull. «El sistema de escapes es una de las áreas donde tenemos todavía algunos ases en la manga», advirtió el genio del lápiz y la aerodinámica, Adrian Newey, ideólogo del Red Bull ganador.
En ese mismo sentido se ha pronunciado en Barcelona Christian Horner, el director deportivo del equipo campeón. «No queremos que nuestro coche sea retratado al primer instante». En vez de presentar su monoplaza como corresponde al defensor del título, fiesta pública, carteles anunciadores y fanfarria, Red Bull distribuyó un vídeo en el que apenas se distinguían las peculiaridades técnicas del monoplaza.
En vez de una presentación mediática, como el año pasado en Valencia, Red Bull eligió el segundo plano. Es muy sencillo: consideran que son los innovadores y no quieren que les copien. «El año pasado todo el mundo conocía las medidas de nuestro coche al minuto», dice Horner.
Red Bull juega a detectives y espías con los entrenamientos y las apariciones públicas. Su coche será otro en Australia (18 de marzo, comienzo del Mundial). Así lo anticipa Horner: «El año pasado tuvimos que montar pronto el difusor soplado porque teníamos que analizar cómo afectaban los gases de escape a los neumáticos. Esta vez, el secreto está en el detalle, y no se puede dar a los adversarios demasiada ayuda».



