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Sevilla / NO DO

La pirámide de Lubre

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Las pirámides de Egipto son cartón de leche Ram si las comparamos con la pirámide de los ERE que está levantando la juez Alaya

Día 24/02/2012

Si el Louvre luce la pirámide de cristal que inauguró Mitterrand en 1989, ¿por qué no vamos a tener nosotros algo parecido para presumir de modernidad? Que la sitúen en la plaza del Duque para iluminar la futura estación de metro que está al caer. No hay guasa aquí ni ná... Esa construcción geométrica y acristalada podría llevar un nombre parecido a su hermana parisina: la pirámide de Lubre, en honor al antiguo palacio cuya fachada es el resto más valioso, por no decir el único, que la piqueta dejó tras arrasar la plaza en nombre del progreso. Porque los jerarcas del antiguo régimen, vulgo franquismo, destruyeron buena parte de la ciudad en nombre del mismo progreso que les sirve a sus hijos putativos —y no tan putativos, porque llevan sus mismos apellidos— para cargarse lo que queda.

Esa pirámide de Lubre podría instalarse en otro lugar emblemático de la ciudad, como diría uno de esos cursis que preguntan en los restaurantes cuántas referencias envejecen en la bodega. Ahora ya no bebemos botellas de vino, sino referencias. La cosa puede llegar al extremo de cambiarle el nombre al tinto de verano: «¿Me pone una referencia de estío?» Decíamos que la pirámide del Lubre podrían llevársela al Prado de San Sebastián, un lugar que no es laico como la Alameda pero que sería muy apropiado para semejante cuerpo geométrico. ¿Por qué? Muy sencillo. Las pirámides de Egipto son cartón de leche Ram —no confundir con el dios egipcio de Heliópolis— si las comparamos con la pirámide de los ERE que está levantando la juez Alaya.

¿Qué llevará doña Mercedes en ese trolley que parece el carrito de la compra cuando entra en los juzgados por la mañana? ¿Un palaustre para ir colocando los ladrillos de esta pirámide que está reconstruyendo en su despacho con las partituras que están cantando los implicados en esta monumental trama? Los escalones inferiores están puestos para demostrar que la teoría de los cuatro golfos era una estratagema de la Junta de Andalucía. Los imputados ya van por la cincuentena. La riada del ERE ha llegado, por ahora, hasta el nivel de la Viceconsejería de Empleo. Y subiendo...

Debates como el de las Atarazanas deberían hacernos reflexionar. No podemos caer en la trampa que nos tienden a cada momento los que van de modernos cuando en realidad hacen algo tan antiguo como trincar. Esa no es la raya que divide a los sevillanos en progresistas y reaccionarios, sino la delgada línea roja de la honradez. A un lado, los que viven de sus manos, como decía Manrique. Y al otro, los que usan esas manos para llevarse lo que no está en los escritos después del paso de la trituradora. Cuando resolvamos esta pirámide corrupta estaremos en disposición de discutir sobre la Sevilla posmoderna. No se trata de ser «modelno», sino de algo más sencillo. Como dice una fiscal con gracia y con guasa, «con que no roben ya me doy por satisfecha».

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