Un
paseo por el Madrid de la Corte
Por José Alberto González
Cuando
el 22 de mayo, la flamante Princesa de Asturias acuda, junto a Don Felipe,
a la Basílica de Atocha para honrar a la Virgen con la entrega
del ramo de novia, los nuevos esposos renovarán una profunda
devoción de la Casa Real, ligada a una serie de escenarios y
tradiciones de los Monarcas españoles de los últimos cuatro
siglos.
En otras circunstancias, la calle Bailén sería el primer
tramo de un recorrido saludado en las inmediaciones de la Almudena hasta
la esquina con la calle Mayor. Tras dejar atrás edificios de
gran nobleza, como la Casa de la Correspondencia y la de Montalvo, aparece
una vía que ha forjado su historia en incontables ceremonias.
«La historia de la calle Mayor va unida a la de Madrid durante
cuatro siglos, como lo va a la de la Casa Real, pues no hay acontecimiento,
entrada de reyes y de reinas, visitas, procesiones...» que no
la haya tenido como escenario, recuerda Pedro de Répide en «Las
calles de Madrid» (Kaydeda Ediciones, 1989).
La
«casa de la bomba»
En esta vía, que lleva a la almendra urbana, fue interrumpida
dramáticamente la comitiva real de Alfonso XIII y Doña
Victoria Eugenia. El 31 de mayo de 1906, ambos salvaron la vida, a la
altura de la «casa de la bomba», cuando el anarquista Mateo
Morral arrojó sobre la carroza regia una caja explosiva recubierta
de flores. Un monumento sobre la fuentecilla del Sacramento recuerda
a las víctimas del frustrado magnicidio.
Pero antes puede disfrutarse de dos históricos inmuebles que
han dado solera a esta zona: en el número 66, el Palacio de Abrantes,
construido en 1655 por Juan de Maza, comprado a mitad del XIX por el
duque de Abrantes, y sede del Instituto Italiano de Cultura desde 1939;
y el Palacio del marqués de Cenete, edificado por el marqués
de Camarasa en 1817.
En la Casa de la Villa se sitúa la actual sede del poder municipal,
que sirvió también de prisión, y que fue terminada
en 1787 tras un permiso real al Concejo de Madrid, y la fachada que
da a la calle Mayor (llamada de Platerías) fue reformada en el
XVIII para permitir que María Luisa de Parma, esposa de Carlos
IV, pudiera ver desde un balcón la procesión del Corpus.
Cerrada por torres angulares y simétricas rematadas con chapitel,
la sencillez de la antigua casa-palacio se complementa con la ornamentación
de la portada y una plaza presidida por la estatua de Álvaro
de Bazán, marqués de San Cruz. La portada gótica
de la Casa de los Lujanes, del siglo XV, y el palacio plateresco de
la Casa Cisneros (unida al Ayuntamiento por un pasadizo elevado) coronan
la majestuosidad del lugar.
El mercado de San Miguel, el único en hierro que sobrevivó
a los de La Cebada y Los Mostenses, y abierto en 1916, anuncia las arquerías
de la Plaza Mayor, que abren la vista a la imponente Plaza Mayor. En
su centro, Felipe III a caballo parece guardar el conjunto formado por
la Casa de la Panadería (no la primitiva, incendiada en 1672),
la Casa de la Carnicería, el Portal de Cofreros y la Cava de
San Miguel, en una plaza firmada por Juan Gómez de Mora en 1619
y cuya última adecuación se realizó en 1988.
En el número 59, la joya modernista de la Vivendas para Don Amós
Espina (Jesús Carrasco, 1913) conserva en su planta baja la vieja
Botica de la Reina Madre, María Cristina de Borbón. Bajo
los cercanos miradores de los edificios de viviendas para Don Pedro
Lacalle y Don Manuel Alonso se puede llega a uno de los enclaves más
simbólicos, la Puerta del Sol.
[seguir]
[volver
página principal preparativos]