Una
fecha histórica
Por Almudena Martínez-Fornés
Minutos
antes de las once de la mañana sábado 22, Su Alteza Real
el Príncipe de Asturias saldrá del Palacio Real para recorrer
los cerca de 160 metros que le separarán del Altar Mayor de la
Catedral de Santa María la Real de La Almudena. De su brazo irá
Su Majestad la Reina, emocionada como cualquier madre que casa a su
único hijo varón. Don Felipe, vestido con el uniforme
de etiqueta de comandante del Ejército de Tierra, azul marino
con bordados en hilo de oro antiguo, sacará todos sus años
de aprendizaje para contener los nervios. A sus 36 años, el Heredero
de la Corona verá cumplido su deseo de casarse por amor.
A
su alrededor, la ciudad de Madrid mostrará lo mejor de sí
misma para este acontecimiento histórico: la primera boda de
Estado desde hace 98 años. Y el Palacio Real, uno de los más
bellos del mundo, se engalanará por dentro y por fuera con sus
mejores tapices y reposteros. Nunca se habrá visto nada igual,
nada tan solemne y, a la vez, austero, de acuerdo con la forma de ser
de la Familia Real y, más aún, tras los atentados del
11-M. Será una fiesta serena. Sobre la piedra clara del enlosado,
una alfombra granate unirá el Palacio y la catedral. Impecablemente
vestida con el uniforme de gala, la Guardia Real formará un cordón
de honor.
Paso a paso y precedidos por el cortejo nupcial, que cerrará
Su Majestad el Rey, Don Felipe y Doña Sofía cruzarán
la plaza de la Armería y se dirigirán a la catedral. Un
redoble de campanas anunciará la llegada. Allí, junto
al Altar Mayor, que por primera vez en su historia será testigo
de una boda, el Príncipe de Asturias esperará, como cualquier
novio, la llegada de su prometida. Para entonces, los invitados ya se
habrán colocado en sus correspondientes bancos siguiendo un orden
estrictamente protocolario, y la Familia Real ocupará su lugar
de honor. Pequeñas calas blancas y tapices con motivos religiosos
darán un aire nupcial a la catedral, mientras que la Orquesta
Sinfónica de Radiotelevisión Española y el Coro
Nacional, dirigidos por Jesús López Cobos, amenizarán
la espera interpretando diversas obras musicales acordes con la ceremonia,
en cuya selección la Reina ha jugado un papel fundamental.
El
secreto mejor guardado
Minutos después se desvelará el secreto mejor guardado.
Un secreto que cientos de millones de personas podrían descubrir
antes que el propio novio cuando las cámaras de televisión
transmitan en directo la primera imagen de doña Letizia saliendo
del Palacio Real, que es donde previsiblemente se vestirá de
novia. El vestido será el broche de la carrera del modista aragonés
Manuel Pertegaz. Por fin se sabrá qué diadema llevará,
igual que los pendientes y el velo, y qué flores compondrán
el ramo de la novia.
Acompañada por el padrino -que como es tradición, será
su padre, Jesús Ortiz-, y el cortejo de pajes, doña Letizia
recorrerá la alfombra granate que la llevará a la catedral.
Quizá su experiencia ante las cámaras, como reportera
y presentadora de televisión, le ayuden a controlar los nervios,
casi inevitables para cualquier novia, más aún para quien
está a punto de convertirse en Princesa de Asturias. Todo ello
bajo la mirada del público que abarrotará el patio de
la Armería y de cientos de millones de personas que seguirán
la boda por televisión.
Una vez en el templo, doña Letizia recorrerá la nave central
hasta situarse junto a su futuro marido. Tras el saludo de los novios,
empezará la ceremonia religiosa, que oficiará el arzobispo
de Madrid, cardenal Antonio María Rouco Varela. Después
de la homilía, llegará el momento en que los novios den
el consentimiento a su unión matrimonial y, antes de responder,
el Príncipe de Asturias cumpla con la tradición de la
Familia Real de solicitar la venia a Su Majestad el Rey. Bastará
un gesto, una leve inclinación de cabeza, por parte de Don Juan
Carlos para que el Heredero de la Corona diga «Sí».
Será, sin duda, uno de los momentos más emotivos en la
vida de los Reyes.
Tras los síes, la entrega de arras y el intercambio de las alianzas,
Don Felipe y Doña Letizia ya serán marido y mujer, y su
matrimonio será «un eslabón más en la cadena
de la dinastía que nos engarza con la historia», como dijo
el Heredero de la Corona el día que anunció su compromiso.
Todavía quedará la Consagración, la Comunión
y la Bendición Apostólica y, al final, las firmas de los
novios y los testigos, antes de que vuelva a formarse el cortejo nupcial
y los recién casados abandonen la catedral. Esta vez ya juntos
y seguidos de sus familiares, los Príncipes de Asturias volverán
a recorrer la alfombra granate, saludando al público, hasta llegar
al Palacio Real, que minutos después volverán a abandonar
en coche.
El primer destino de los recién casados será la Basílica
Nuestra Señora de Atocha, donde la novia depositará su
ramo ante la Virgen siguiendo la tradición de la Familia Real,
muy vinculada a la veneración de esta imagen. En su trayecto,
que se mantendrá oculto hasta el último momento por motivos
de seguridad, la pareja saludará al pueblo de Madrid desde el
coche que los traslade. Será un recorrido más corto del
previsto inicialmente, antes de los atentados del 11-M, pero a su paso
decenas de miles de personas podrán saludar a la pareja. En homenaje
a las víctimas del terrorismo, 192 cipreses y olivos, los árboles
más espirituales, formarán en la Glorieta de Atocha el
«Bosque de los Ausentes», según una idea del decorador
Pascua Ortega, que engalanará el centro de la ciudad. Madrid
se llenará de los colores de sus atardeceres -blanco, rosa, amarillo
y plata- en los ramos de flores, los gallardetes, los abanicos y las
banderas que se repartirán entre el público. Los edificios
en obras cambiarán sus telones publicitarios por otros que reproducirán
los fragmentos de cielos pintados por los mejores pintores: Velázquez,
Goya, Picasso, Antonio López… Y, en algunos tramos del
recorrido, habrá música.Tras el dolor de marzo, la primavera
vuelve a Madrid en mayo.
Después de ofrecer el ramo de flores a la Virgen, Don Felipe
y Doña Letizia regresarán al Palacio Real, donde, los
invitados les aguardarán tomando un aperitivo en los salones
que dan a las fachadas de la calle Bailén y la plaza de la Armería.
Antes, los Reyes habrán recibido el saludo de cada uno de los
invitados, entre ellos, representantes de más de cuarenta Casas
Reales reinantes y no reinantes, jefes de Estado y de Gobierno, representantes
extranjeros, autoridades nacionales, altas instituciones del Estado
y representantes políticos, empresariales y sindicales, así
como de los distintos sectores de la sociedad y familiares y amigos
de los novios.
Saludos
desde el balcón
Todo está previsto también para que los recién
casados, si lo desean, salgan a saludar al público desde uno
de los balcones del Palacio Real que dan a la plaza de Oriente. Tras
las fotos de familia, y después de saludar a los invitados, todos
pasarán al Patio del Príncipe, cubierto con una carpa
para la ocasión y decorado con los mejores tapices de las Colecciones
Reales, donde el restaurante madrileño «Jockey» servirá
el banquete nupcial. Las más de cien mesas redondas que ocuparán
los 1.400 invitados, así como la mesa presidencial, alargada
y con capacidad para unas 50 personas, estarán vestidas con manteles
en color crudo, el mismo tono que tapizará las sillas de color
oro viejo. También será de color crudo la estera que cubra
la tarima de madera instalada sobre el suelo original del patio, de
grandes losas, pero sobre esa estera se dispondrán grandes alfombras
de Patrimonio Nacional. Sólo la mesa presidencial se servirá
con la vajilla, cristalería y cubertería de las Colecciones
Reales, ya que no se disponen de juegos con tantas piezas, y para el
resto de las meses se ha optado por otros menajes, en este caso de alquiler.
Es tradición en las bodas de la Familia Real que el novio y el
Rey dediquen, a los postres, unas palabras a sus invitados. Así
ocurrió en los enlaces de las Infantas Doña Elena y Doña
Cristina y es previsible que, en esta ocasión, Don Juan Carlos
ofrezca un brindis por los novios y que el Príncipe de Asturias
agradezca la asistencia a quienes le acompañen en un día
tan importante de su vida. El día que se casará, como
siempre había soñado, por amor.
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