M. DE LAS
MERCEDES DE ORLEANS
Fugaz y eterna
El
mito va en muchas ocasiones indisolublemente unido a la muerte prematura,
y el caso de María de las Mercedes de Orleáns es ilustrativo. La «dalia»
de las orillas del Guadalquivir, séptima hija de Antonio de Orleáns
y de Luisa Fernanda de Borbón (duques de Montpensier), era una princesa
hermosa, joven -apenas una niña- y española. Tres aspectos que exacerbaron
el entusiasmo del pueblo cuando se supo que el joven Rey Alfonso XII
la escogía como esposa.
Un matrimonio regio que, al margen de la alta cuna de los contrayentes
y según corrobora la voz unánime de los historiadores, se celebró por
amor, sin que el hecho de que el Rey y María de las Mercedes fueran
primos hermanos se considerase impedimento. De hecho, hizo fortuna en
aquellos días una coplilla popular: «Quieren hoy con más delirio a su
Rey los españoles, pues por amor se ha casado, como se casan los pobres».
La «Reina niña» había nacido en Madrid en 1860 y fue educada en Sevilla
y Sanlúcar de Barrameda.
La boda, envuelta en un indescriptible calor popular, se celebró el
23 de enero de 1878 en la Basílica de Atocha. Pero un proceso tuberculoso
agudo se interpuso en la felicidad del joven matrimonio y cinco meses
más tarde María de las Mercedes fallecía, poco después de cumplir dieciocho
años. Cuando trascendió que había enfermado, el dolor de los ciudadanos
fue inmenso. La gente se agolpaba en la Plaza de Oriente, junto al Palacio
Real, para testimoniar su pesar. Sólo fue Reina de España durante 154
días, que, en la memoria selectiva del pueblo, se han transformado en
una eternidad.
MARÍA VICTORIA
DE AOSTA
Distante y ajena
La
esposa de Amadeo de Saboya es una Reina ignorada por la inmensa mayoría
de los españoles, como consecuencia de todo lo anómalo que, en la lógica
dinástica y sucesoria, acompañó a aquel Monarca. Nacida el 8 de agosto
de 1847, era hija del Príncipe Carlos Manuel dal Pozzo dalla Cisterna,
y de Luisa Carolina Ghislaine, condesa de Merode.
Adornada por una completa formación, se casó con Amadeo en 1867, cuando
aún era sólo Duque de Aosta, y se convirtió en Reina de España en 1871,
cuando su esposo fue requerido para ocupar el Trono. La nueva dinastía
no consiguió granjearse el cariño de sus súbditos, pero la Reina sí
se hizo acreedora de su respeto, debido a su comportamiento ejemplar.
Falleció en San Remo, a los veintinueve años.
CRISTINA
DE BORBÓN
Ímpetu siciliano
La
tercera esposa de Fernando VII todavía se perpetúa en la memoria colectiva
gracias a cuatro palabras, «manos blancas no ofenden», correspondientes
a la célebre frase pronunciada por Calomarde después de recibir un bofetón
de la hermana de la Soberana, la intrigante Luisa Carlota. Hija de Francisco
I, Rey de las Dos Sicilias, y de la infanta española María Isabel, María
Cristina nació en Sicilia en 1806 y pronto mostró un vivo temperamento.
Su matrimonio se concertó después de que el Rey enviudara de María Amalia
de Sajonia. El 21 de diciembre de 1829 se celebró la boda en Madrid,
y ya al poco tiempo la Reina había adquirido una decisiva influencia.
María Cristina quebró las aspiraciones al Trono del Infante Don Carlos
al dar a luz a Isabel II. Murió en Francia en 1878.
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