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Quince cuestiones | |
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Eje vertebrador Por Carlos Seco Serrano
Nunca un presidente republicano -al fin y al cabo, procedente de una parcialidad política- podrá encarnar su papel arbitral como un Rey, en quien ese papel es consustancial con su mismo ser. Pero la Monarquía no se inventa: parte de su origen en la noche de los siglos; y en su continuidad a través del tiempo -asumiendo tradiciones dinásticas diversas- radica su virtualidad. Las Monarquías «inventadas» fracasan porque al carecer de raíces en el pasado, les es imposible actualizar en sí la Historia, privilegio reservado a los monarcas de «una Casa vertebradora de la nación». Conviene distinguir entre «Casa Real» y «dinastía». La Casa Real es una aunque hayan ido integrándola vinculaciones dinásticas diversas. En España, la dinastía Trastamara -que había recogido y asumido a su vez las tradiciones dinásticas de los diversos reinos peninsulares- fue sucedida por la dinastía Habsburgo, y la dinastía Habsburgo por la borbónica; pero sin dejar de articularse dentro de una Casa única, fundada en el albor de la Reconquista por los primeros monarcas cántabro-astures. Carlos I era hijo de una Trastamara; Felipe V, nieto y biznieto de princesas Habsburgo españolas: la continuidad de la Casa se había producido, simplemente, por línea femenina -y por eso la ley Sálica francesa sólo fue semi-Sálica al implantarse en España. De aquí que al perfilarse la España de las autonomías, como un Estado más idóneo con la realidad histórica de nuestro país, nada pudiera adaptarse mejor a esa configuración -la diversidad en la unidad- que la Monarquía en que cuajó, en una hora cenital de nuestra Historia, el proyecto de unidad que había latido siempre en el seno de los diversos reinos peninsulares. Una Monarquía que don Juan de Palafox y Mendoza definía así en el siglo XVII: «Sólo Dios puede crear los Reinos con unas inclinaciones, pero una vez creados con diversas, necesario es que sean diversas las leyes y formas de su gobierno...» Así pues, debía el Rey «no desconsolar a reinos y vasallos, sino gobernar en castellano a los castellanos, en aragonés a los aragoneses, en catalán a los catalanes, en portugués a los portugueses...» Era como una intuición, con antelación de tres siglos, de lo que ha querido ser, y es, la Monarquía que corona el Estado de las autonomías: eje vertebrador de esa unidad en la variedad característica de una Historia que Don Juan Carlos I actualiza felizmente. «Yo os aseguro, por lo que al Rey respecta, que ninguna aspiración
ni proyecto legítimo quedará sin atender, sea del individuo,
del grupo social, de la ciudad, de la provincia o de la región»
«La España de nuestro tiempo, esa España que todos
anhelamos, debe ser una realidad estable y libre, de vida en común,
y ha de edificarse sobre el reconocimiento de esa sustancia de la Nación
española que son sus territorios históricos, sus viejos
reinos, sus regiones, sus diversas culturas (...) La autonomía,
auténtico anhelo de los vascos en las últimas décadas,
ha venido a devolver a los territorios vascos aquella libertad a cuyo
amparo fueron solar de nobleza y modelo de lealtad». «La unidad de España no tiene nada que temer de las autonomías
establecidas por nuestra Ley fundamental» «España es una especie de mosaico, hermoso y único,
en el que cada pieza, cada Comunidad, constituye un elemento indispensable»
«La diversidad que nos enriquece debe unirnos en lugar de separarnos
y servir de estímulo a nuestra convivencia» «En sus disposiciones (de la Constitución) (...) se ensancha
el marco amplísimo de libertades del que disfrutan los ciudadanos
y se afirma una articulación autonómica del Estado que reconoce
y protege la pluralidad y diversidad de nuestra sociedad» «Vivimos en una nación plural y nuestra Constitución
recoge y ampara esa pluralidad al configurar a nuestro Estado como un
Estado autonómico (...) A Sus Señorías corresponde
en gran medida respetar esa pluralidad, conciliar sus intereses, armonizarlos
y hacer de nuestro proyecto de vida colectiva una obra tolerante e integradora»
« El Tribunal Constitucional ha contribuido decisivamente al funcionamiento
de la estructura más ambiciosa y adecuada construida en España
para dar cauce a su pluralidad» Textos publicados en ABC con motivo del 25 aniversario del reinado de Don Juan Carlos en el año 2000
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