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Quince cuestiones  
 

AUTONOMÍAS

Reconocimiento general
Textos publicados en ABC con motivo del 25 aniversario del reinado de Don Juan Carlos en el año 2000

Valedor importante para Cataluña

Según la Constitución, el Rey «arbitra y modera el funcionamiento regular de las instituciones». El artículo 56 no precisa más, pero no es difícil intuir que este arbitraje y esta moderación, si procede, pueden ejercerse con actos explícitos dirigidos a esta doble finalidad, pero también, seguramente más a menudo, implícitamente, en actuaciones normales de Jefe del Estado.

En esta vertiente, Cataluña ha tenido en Juan Carlos I un valedor importante, sin que con ello la institución monárquica se excediera lo más mínimo en relación con lo que son sus atribuciones constitucionales. Recuerdo, como muestra, dos momentos concretos: los actos organizados en relación con la asunción del Principado de Girona por parte del Príncipe Felipe, a quien le corresponde como heredero de la Corona, y la participación de la Familia Real en los actos del Milenario de Cataluña.

Más allá de estas y otras actuaciones concretas, en las que el Rey ha dictado normalidad y serenidad, su figura perdurará como la del instrumento que permitió hacer, primero, posible y, después, real, la democracia actual.

Jordi PUJOL (Presidente de la Generalidad de Cataluña en 2000)

Un cuarto de siglo de Monarquía restaurada

Un período de veinticinco años es un periplo histórico de clara entidad y significación, máxime si se produce en un momento de transición política en un país como España, que lleva más de siglo y medio arrastrando penosas crisis interiores y exteriores, y, además, en un tiempo de cambio histórico profundo y acelerado, en todos los órdenes: económico, cultural, militar, equilibrio mundial.

Durante ese cuarto de siglo es indudable que la Corona, como institución, y la persona del Rey Don Juan Carlos I (apoyado en una ejemplar Familia Real) ha representado un papel importante y positivo en todas las direcciones; arbitraje responsable en los primeros años de la transición; contribución al prestigio exterior de una España que salía de un largo período de aislamiento (que nada tenía de espléndido); merecido apoyo popular y del conjunto de los sectores de una sociedad compleja, y superación de dificultades sucesorias nada sencillas.

Pasará a la Historia como un período de paz y progreso de España, que sin duda tuvo causas diversas (internas y externas), pero al que sin duda contribuyó, de modo más que simbólico, la Monarquía restaurada y plenamente constitucional.

M. FRAGA IRIBARNE (presidente de la Xunta de Galicia en 2000)

Cimiento del Estado de las Autonomías

La Monarquía española, encarnada en el Rey Don Juan Carlos, ha dado al Estado, en el último cuarto del siglo XX, seguridad, certeza, estabilidad, y al país, fortalecimiento de una idea y un sentimiento de España.

La democracia española se ha consolidado en estos veinticinco últimos años gracias al espíritu de concordia y consenso entre las fuerzas políticas que presidió la transición. Y ese espíritu fue alimentado, en gran medida, por la figura personal de Don Juan Carlos.

El Rey ha cumplido su papel constitucional, procurando moderar, cuando las circunstancias lo han exigido, el funcionamiento regular de las instituciones del Estado, y contribuyendo siempre a reforzar la labor del Poder Ejecutivo: desde mi posición política, remarcaría especialmente el fructífero período de los Gobiernos socialistas que ha ocupado más de la mitad del Reinado.

La Monarquía ha sido también un factor decisivo para cimentar el Estado de las Autonomías y soldar con el tacto necesario las fisuras que a veces han amenazado con cuartearlo. Para Andalucía, la condición del Rey como garante y vigilante permanente de las aspiraciones y de los derechos de nuestras nacionalidades y regiones se podría simbolizar en la propia promulgación de nuestro Estatuto de Autonomía, firmado por Don Juan Carlos el 30 de diciembre de 1981.

Manuel CHAVES (presidente de la Junta de Andalucía en 2000) 

El primer madrileño

Un Austria, Felipe II, trasladó la Corte desde el Valladolid de su nacimiento a un Madrid entonces casi desconocido poblachón. Don Juan Carlos I, a diferencia de la mayoría de sus antecesores en el Trono, reside permanentemente en Madrid, y su vida se confunde con la del resto de los habitantes de nuestra Comunidad. Visitó oficialmente Madrid en diciembre de 1994, acudiendo expresamente a un área de solidaridad: el Sur de Madrid. Su preocupación por el reequilibrio ha permitido que la sexta Universidad pública madrileña tenga el honor de acogerse a su Real Nombre. Y, como un símbolo más, pero singular, de su vinculación con su lugar de residencia, Don Juan Carlos I inaguró la Real Casa de Correos en 1998.

El reinado de Don Juan Carlos I ha consolidado la España del diálogo y del consenso, dentro de un Estado moderno y descentralizado, convirtiéndose en el más alto punto de equilibrio de la Nación. Como garante del Estado de las Autonomías definido por la Constitución de 1978, el papel desempeñado por Su Majestad en este cuarto de siglo ha sido de aliento y apoyo a todas las Comunidades generadas a partir de la legitimidad constitucional. Pero singularmente Madrid, región capital, ha encontrado en el Rey Don Juan Carlos el estímulo necesario para desarrollarse plenamente. Desde Carlos III no se había establecido una unión mayor entre Madrid y su Rey. El vigésimoquinto aniversario de su llegada al Trono es buena ocasión para destacar, entre todos los rasgos de Su Majestad, el título ­que tanto nos enorgullece­ de que Don Juan Carlos I es el primer madrileño.

Alberto RUIZ GALLARDÓN (presidente de la Comunidad de Madrid en 2000)

Símbolo de la unidad de España

Los españoles no podemos sino felicitarnos por la labor de nuestro Rey, Juan Carlos I, en cada uno de los veinticinco años de su Reinado.

Como símbolo de la unidad y permanencia de España, Don Juan Carlos no ha escatimado esfuerzos en su papel de garante del Estado de las Autonomías definido por la Constitución de 1978. Tanto él como cada miembro de la Familia Real han mostrado siempre una sensibilidad especial por la realidad de las diferentes Comunidades autónomas.

Por lo que respecta a Castilla y León, puedo afirmar, y así lo haría cualquier ciudadano de esta tierra, que nunca nos hemos visto faltos del apoyo de la Familia Real, siempre tan atenta al esfuerzo por la consecución de nuestros logros, como cálida en los momentos de dolor y dificultad.

En sus frecuentes visitas a esta región, Don Juan Carlos ha sabido comprender como nadie que la afirmación de lo castellano y leonés no sólo no es incompatible con la afirmación de lo español, sino que ambas conciencias son inseparables y se implican mutuamente.

Juan José LUCAS (Presidente de la Junta de Castilla y León en 2000)

Compromiso con el entendimiento

La conmemoración del vigesimoquinto aniversario del Reinado de Don Juan Carlos es un motivo más para felicitar a Su Majestad el Rey. El compromiso del Rey con los valores de la tolerancia, el diálogo y la democracia hicieron posible poner punto final a décadas de dictadura y de autoritarismo. Ha pasado mucho tiempo desde entonces y Don Juan Carlos sigue encarnando el espíritu del compromiso con el entendimiento entre las personas y los pueblos.

El País Vasco cuenta con una dilatada relación con la Monarquía, ya que son conocidos los actos de respeto y juramento del Rey a los fueros de los territorios vascos. Es decir, del respeto al sistema de autogobierno de los vascos, enraizado en la historia más profunda de nuestro país y que siempre los ciudadanos del mismo hemos puesto al servicio del desarrollo, el progreso y el bienestar del conjunto de la sociedad.

Juan José IBARRETXE (Presidente del Gobierno Vasco en 2000)

Capacidad de ser de todos

Mi respeto por Don Juan Carlos está alejado de la adulación, porque es sincero.

Saludé personalmente al Rey por vez primera el 24 de febrero de 1981. Lo que le dije en aquellos azarosos momentos resume una parte del mensaje que, al cabo de los primeros veinticinco años de su Reinado, ABC me solicita: Señor, habéis hecho hoy por la monarquía más que todos vuestos antepasados juntos.

En este tiempo se han producido cambios en España, en la sociedad y en los españoles. El Rey ha sabido navegar en todos ellos, también en el mar de los avatares de la política, con prudencia y cuidado, buscando rumbo cierto en su capacidad de ser de todos.

Llegamos al siglo que comienza habiendo superado una vieja distinción entre republicanos y monárquicos, lo que nos permite celebrar, como demócratas, el aniversario de una Monarquía que es parte del sistema constitucional en el que se desenvuelve nuestra convivencia libre.

La continuidad y el futuro de esta institución se encuentra asegurada en la persona de su hijo, exponente fiel de nuestro tiempo y de una modernidad que se ha afianzado en el reinado de Don Juan Carlos I.

Deseemos larga vida al Rey, a la Constitución y a todos.

José BONO (Presidente de la Junta de Castilla-La Mancha en 2000)

Admiración y gratitud colectiva

Cantabria es una Comunidad profundamente vinculada a la secular trayectoria de la Monarquía española desde sus orígenes históricos, y también mantiene un compromiso total con la construcción de una España democrática, moderna y cohesionada.

Desde la memoria colectiva y desde su voluntad de futuro, el pueblo de Cantabria tiene que valorar con su más elevado sentimiento de aprecio el trabajo desarrollado por Su Majestad el Rey durante estos pasados veinticinco años.

Con Don Juan Carlos, España se ha sentido un país joven, un país que ha ido rehaciendo su historia y con ello abriendo nuevos horizontes dentro de Europa y en el mundo. Desde Cantabria, pues, no cabe expresar otra cosa que la máxima admiración y la gratitud colectiva por los muchos aciertos de Su Majestad en este cuarto de siglo tan importante para la sociedad española. Una gratitud que hemos de hacer extensiva al trascendental mensaje de solidaridad social y vocación cultural creado con su infatigable actividad cotidiana por la Reina Doña Sofía.

José Joaquín MARTINEZ SIESO (Presidente de la Comunidad Autónoma de Cantabria en 2000)


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