e define como «un cura rezador», pero también
es un cura culto, listo, humanista y valiente. Biógrafo de santos, periodista esencial en
la Sevilla de la transición, viajero, estudioso, conversador, sabio. José María
Javierre dio un pregón de Semana Santa heterodoxo y lúcido, y lleva diez años
coqueteando con una muerte que aún no se atreve a llevárselo porque los tipos así son
imprescindibles en la vida. Ahora espacia más sus salidas y observa la ciudad desde un
balcón frente al río.
¿Cómo ve Sevilla, Andalucía, cuando se asoma al balcón?
Es un momento complicado. Andamos a tirones, a fogonazos. Nos hemos hecho
viejos...
¿Todos? ¿También los jóvenes?
Sí, sí. Para mí, un símbolo claro de la situación en la que se encuentra
Andalucía es la A-92. Funciona, pero llena de trampas, de baches. Toda la historia que
tenemos de malos administradores, y a veces de llevarnos los dineros, está ahí. Un eje
que es una promesa de futuro, pero lleno de agujeros, de abismos.
¿Es un problema sólo de políticos, de líderes?
No. De los políticos, sobre todo. Pero tenemos un cuerpo social débil. Quizá
sea cuestión de educación, de cultura. Se asombra uno viendo los índices de popularidad
de la telebasura. Eso no significa que no tengamos esas virtudes que gustamos de ensalzar,
pero...
¿Se podría compensar esa debilidad del cuerpo social si existiera un liderazgo
sólido?
Es antes el huevo que la gallina. El liderazgo es necesario para que el cuerpo
social encuentre su camino. Hay que tirar de él.
Y no hay con qué.
No. Usted me contará. Personas muy respetables, pero... No voy a murmurar, jaja.
Pero esto nos gusta, Javierre. La famosa calidad de vida...
No, es que es verdad. Por eso no cambio yo Madrid por este balcón mío. Esto es
lo que nos fascina a todos, lo que hace que nos quedemos cuando tenemos la oportunidad de
irnos.
¿Y también, quizá, que no trabajemos lo necesario?
No, ahora se trabaja. Hay mucha gente que trabaja bien y con seriedad. Ya no
existe esa antigua indefinición del esfuerzo que había antes, hay mucha gente aquí que
trabaja con más intensidad y con mejores resultados que fuera. Pero no estamos
estructurados, nos falta articulación.
¿Por qué?
- No sé. Pero eso no es por nuestro cielo hermoso... Tenemos una vieja nostalgia, ya
sabe, los cielos que perdimos, y todo eso, pero es inevitable y es una pátina buena. Pero
hay que hacer que surja algo más.
¿Es bueno que pese tanto en la ciudad la Semana Santa?
Según cómo sea la Semana Santa. A mí me asombró descubrir que bajo la Semana
Santa hay familias de escritores, de catedráticos, de intelectuales que la viven
intensamente, sin presumir, sin que se les vea ni se les note...
¿Qué quiere decir intensamente? ¿Una experiencia estética, religiosa,
sentimental?
La experiencia del misterio. Una mezcla de estética y religiosidad, pero el
misterio es... Uf, es una de las arterias más difíciles de comprender de la ciudad.
Antes, cuando yo llegué, sólo había una Sevilla, un cogollo social, político, una
cierta comunidad de sentimientos y de ideales de la que participaban de algún modo todos
los ciudadanos.
¿Eso era bueno o malo?
En todo caso, era inevitable que desapareciera. Daba gusto vivirla para los que
la vivíamos bien. Pero bueno, era un núcleo, y ahora han ido apareciendo muchas
Sevillas, laborales, espirituales, intelectuales, culturales. El núcleo que perdura es la
Semana Santa, su fuerza estética y religiosa, una cierta fatalidad en la aceptación del
misterio. En fin, un embrollo. Pero un embrollo que yo no cambio por nada.
COFRADÍAS
Me decía un día el profesor socialista Vargas Machuca que era un
fenómeno curioso ver cómo en Andalucía, con un poder político tan expansivo y que
genera tanta dependencia, las cofradías, que son al fin y al cabo instituciones
premodernas, eran las únicas que resisten de un modo independiente. O las que más
resisten.
Las que más, sí. Sentido asociativo hemos tenido muy poco en Andalucía, y por
eso el cuerpo social ha evolucionado lentamente y la presión política, la dependencia,
el pedir limosna al político ha sido una actitud permanente. Estamos muy habituados a esa
dependencia, pero yo tengo esperanza en la gente joven que, sin renunciar a ciertas
esencias, que no sé muy bien cuáles, de historia, de estética, de religiosidad, no las
tiene como prioridad inmediata.
¿La tendencia independiente de las cofradías afecta también al poder
teológico?
Esto es divertido, ahora mismo. Problemas de las cofradías con la jerarquía
eclesiástica los ha habido siempre que las cofradías han tenido vitalidad. Lo que pasa
es que, generalmente, los arzobispos andan con mucho cuidado. Y estoy pensando incluso en
el cardenal Segura, que quizá fue el único tema en el que cedió y aceptó la
convivencia... Pero la independencia religiosa de las cofradías no es un problema
esencial, aunque nos entretenga mucho, y supongo que al arzobispo le creará sus problemas
y sus quebrantos.
MUJERES NAZARENAS
¿Las mujeres tienen que salir de nazarenas?
¿Ya está resuelto el asunto, no? Hmmm, creo que el arzobispo lleva razón. Hay
dos cosas distintas: si las mujeres pueden salir de nazarenas o si tienen que salir de
nazarenas.
Y una tercera: ¿Se les puede prohibir salir de nazarenas?
A ésa ya no le voy a contestar, jaja. Sí creo que las hermandades tienen que
gobernarse y tener una cierta autonomía, que es la única manera de conciliar las
tradiciones con la vida actual y la futura. Entonces, sí pienso que hay contar con las
hermandades. En todo caso, este asunto no es más que el del papel de la mujer en la
sociedad contemporánea. Inevitablemente, usted me va a preguntar por la posición de la
mujer en la Iglesia...
Téngalo por seguro.
Claro, jaja. El salto que hemos dado es enorme. Yo creo que ellas tienen más
fuerza anímica, sentimental e intelectual, pero ahora el mundo está contando con la suma
completa de facultades del hombre y de la mujer.
Por eso es inevitable que, cuando el arzobispo dice que las mujeres han de salir
de nazarenas, uno se pregunte por qué no pueden ejercer el sacerdocio, por ejemplo. O por
qué no pueden ser «obispas».
Ay... Esa pregunta también me la hago yo. No es el arzobispo el que no las deja
entrar en el sacerdocio, jaja, es la Iglesia. Fíjese, un día le comenté yo al señor
arzobispo lo difícil que es vencer en el terreno religioso esta ausencia de la mujer.
Usted va a una función litúrgica solemne en la Catedral, y estamos allí en el altar el
arzobispo, los concelebrantes, los canónigos, los lectores, los monaguillos, los
sacristanes... Cincuenta personas. Y los cincuenta somos varones; acaso sube una mujer a
leer una lectura del Antiguo Testamento.
Tengo la impresión, cura, de que estamos pisando sobre minas.
La «Mulieres dignitate», el documento de Juan Pablo II sobre la dignidad de la
mujer, hace tres o cuatro años, para mí es el mejor texto que se ha escrito sobre la
mujer en la cultura contemporánea. Es asombroso. Pero el día que lo presentó el
cardenal Ratzinger, todos estábamos pendientes de una página, la que rechazaba el
ingreso de las mujeres en la dignidad del sacerdocio.
¿Y?
El Papa ha pedido a los teólogos que no discutan este asunto, y por supuesto,
que se procure evitar en las entrevistas periodísticas, jaja. Ya se da usted cuenta de
que voy en espiral, sinuosamente. A mí me parece que hay un cierto truco teológico. A
mí me interesa más la filosofía, que son preguntas, porque la teología son intentos de
respuesta. Y las respuestas se aplican en función de la cultura de cada momento.Bueno, yo
creo que en la cultura actual de la Iglesia perdura una razón teológica básica, que es
la de que para ejercer cualquier dignidad o mando ha de haber una base sacramental. Como a
la mujer no se le ha concedido la consagración sacerdotal, no puede ejercer mando en la
Iglesia.
¿Y si le hago la pregunta al revés? ¿Por qué no se le ha concedido a la mujer
la dignidad sacramental? ¿Quizá para que no pueda ejercer el mando?
Yo me gané una gran bronca periodística porque en un sínodo hubo un americano
que preguntó, más o menos, por qué las mujeres no podían ser nuncios. Yo escribí un
artículo que se titulaba «¿Una rubia en la Nunciatura?», y el nuncio se puso furioso,
jaja. Es legítimo preguntarse si el temor a aceptar el sacerdocio de la mujer es porque
entonces sería inevitable su progreso en la organización eclesial, o si es porque no
tiene la base sacramental.
¿Se trata de un problema político?
De algún modo, sí.
¿Y cuando las cofradías se niegan a admitir la salida de las mujeres, es un
problema de desobediencia?
No. De cultura, de enfoque personal. Hemos de ser tolerantes, y eso se acabará
solucionando solo...
Oiga, Javierre, ¿Sevilla necesita un cardenal?
Ahí soy parcial. Soy sevillano absoluto, creo que deberíamos tener cardenal en
Sevilla. También en Tarragona, en Santiago... Los sevillanos nunca se van a creer que la
dificultad para que lo hagan cardenal no está en su carácter, en su éxito como
arzobispo y en su valía personal, que es indiscutible. Yo venero a don Carlos. Pero la
categoría personal no interviene. Es un problema geopolítico. Hasta Pío XII, el Colegio
Cardenalicio era fundamentalmente europeo, pero a partir de ahí se empezó a abrir la
nómina, y es más difícil entrar.
El arzobispo dice que la cama es larga y la manta, corta.
Así es, jaja, pero esto en Sevilla no se lo cree nadie. Pero yo esta vez me he
enfadado, y creo que con razón. En esta ocasión, a España no le tocaba ningún cardenal
nuevo. En esta última leva había un cardenal ejerciente en Roma, Martínez Somalo, y
otro recién jubilado, que es mi hermano Antonio. Si hacían un cardenal español nuevo,
podían nombrarlo en Roma, había incluso un jurista del Opus que era bastante seguro,
pero han hecho a uno del Opus de Perú y se quedó fuera. Bueno, pues si había uno
español, tenía que ser el de Sevilla. Y han hecho al de Toledo, muy digno de respeto,
pero ya había presentado la renuncia. De hacer un cardenal en España, tenía que haber
sido al de Sevilla.
¿Quién nombra a los cardenales de verdad? ¿La Secretaría de Estado?
Eso es un misterio. Desde luego, no es el Espíritu Santo, jaja. Bueno, al Papa
le presentan la lista, una lista razonada, pero en general la lista la hace la Secretaría
de Estado, sí, con informes de todos los nuncios. Sobre la mesa del Papa echan todos los
días los problemas del mundo entero, y entre esos problemas distinguir si hay que hacer
cardenal a uno de Sevilla o de Santiago de Compostela... Si tiene algún deseo, lo
manifiesta y no se discute. En el caso de Sevilla, yo tengo alguna información de que lo
deseaba.
¿Y entonces?
Ah...
JUAN PABLO II
Ya. Por cierto, ¿el Papa se tendría que ir?
Hombre, yo soy muy crítico con la Historia de la Iglesia, no me asusto de nada.
Y cada día soy más crítico. Yo me he preguntado muchas veces cuál es mi visión total
de este Papa. Es uno de los grandes personajes del siglo XX, un tipo fabuloso, esencial en
el sentido de la Historia, con mayúsculas. Yo he ido con él en quince viajes, era un
fenómeno prodigioso. Es un conservador, desde luego, sobre todo en la vida interna de la
Iglesia, y respecto a la vida sexual de la juventud, a la natalidad... Nos ha dejado en
suspenso con problemas serios. Pero frente a eso, ha sido el más abierto a las
religiones, ha tomado actitudes impensables en ese campo.
Vale, y después de todo este prólogo, ¿se tiene que ir?
A mí me encantaría que se fuera para redondear su figura. He hecho el
prolegómeno porque hoy, decir que el Papa se debía retirar parece que es no quererlo. Y
eso es un error. Al Papa yo lo venero, pero pienso que se debería de ir para dar ejemplo
de desprendimiento. Nos está dando un admirable ejemplo de fortaleza y de ternura, pero
sería más admirable todavía que se retirase. El que venga, también será Papa. Sólo
se ha retirado un Papa en la Historia, Celestino V, un fraile del siglo XIII. Fue un Papa
pésimo, por cierto, pero se retiró a tiempo y acabó santo, jajaja.