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ENTREVISTAS

Rafael de Gabriel García, pregonero de la Semana Santa 2004: «Lo esencial es la Semana Santa, pero sucesos como los de Madrid condicionan»
   por Fernando Carrasco

 

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«El corazón es el que tiene que mandar en todo esto».
Foto: J. M. Serrano

 


«Sabía que ser pregonero de la Semana Santa de Sevilla, a priori, era algo muy grande, pero desde que me designaron, y sobre todo en este tiempo de Cuaresma, me he visto felizmente desbordado. Me he dado cuenta de que la grandeza es mucho más de lo que pensaba». Quien así se expresa es Rafael de Gabriel García, ingeniero de profesión, pregonero universitario en 1991; pregonero de las Glorias de María en 1997, y pregonero de la Semana Santa de 2004.

—¿Han sido mucho los ánimos recibidos en este tiempo?

—Llega uno a impresionarse ante la avalancha de ánimos que te dan en todo momento. Toda Sevilla está contigo, desde el Consejo de Cofradías, pasando por el cardenal, que todo ha sido cariño y ánimo para que dé el mensaje que yo quiero dar... el alcalde de Sevilla, invitándote a que hables con el corazón. Y luego, las hermandades, esos momentos que he tenido la suerte de poder vivir ante sus imágenes. Vivencias que me han impresionado. Y cartas que recibes, pregoneros de la Semana Santa, gente que te para por la calle... no sé, es algo impresionante.

—Y en los casos de vivencias de la hermandad, ¿es cuándo a uno se le ocurre lo que va a decir de esa hermandad?

—En muchas de ellas ya tenía escrito lo que iba a decir de sus imágenes y lo que he hecho es imaginar esos pasajes. En otros casos, al contemplar a las imágenes se me han venido a la mente ideas que luego he ido plasmando. En cualquier caso, el Pregón ha sido un ejercicio de amor a Sevilla, a la Iglesia y a sus cofradías, a nuestras sagradas imágenes.

Ideas claras

—Ha declarado que el Pregón lo tiene terminado hace más de un mes...

—El Pregón lo entregué en la Fundación El Monte a mediados de febrero. Bien es verdad que luego he tenido que introducir algunas pinceladas, como los desgraciados sucesos del 11 de marzo en Madrid y alguna cosita más que se me ha ocurrido y creía que era digna de reflejarse.

—Eso quiere decir que tenía las ideas muy claras de lo que iba a ser su Pregón.

—Sí, sí. Lo primero, cuando me designan, me llevo pensando un mes, aproximadamente. Y con eso he procurado que fuesen aflorando esos sentimientos que emanan de la fuente de la niñez porque, en definitva, la Semana Santa la llevamos muy dentro desde pequeños. Tener encima de la mesa una serie de ideas y tenerlas a la hora de escribirlas. A mediados de diciembre termino, por decirlo de alguna forma, de pensar. Para mí es muy importante el índice del discurso. Quizá eso ha sido lo que más trabajo me ha costado, la línea maestra. A partir de ahí, enlazar las ideas que, desgraciadamente todas no pueden entrar. Y hay que hacer un ejercicio de economía de lenguaje. Hay que tener esa máxima y esa mira. También te limita mucho el hecho de que voy a nombrar a todas las cofradías y hay que plasmar lo mejor de cada una en poco espacio.

—Siempre se ha dicho que muchos tienen el Pregón escrito y guardado en un cajón...

—El Pregón escrito hace 20 años, 10, incluso 5, es distinto al que se haría ahora. Para mí, el Pregón tiene que tener cuatro constantes: tiene que ser un ejercicio de amor a Sevilla, a la Iglesia y a sus cofradías. Y la cuarta pata del banco tiene que ser las circunstancias que rodean al hombre de hoy. Todo eso marca el Pregón. Aunque lo esencial es hablar de la Semana Santa, de alguna forma las condiciones de tu entorno son distintas en cada momento. Evidentemente, no es lo mismo hablar a escasas fechas de lo acaecido en Madrid. Y eso hay que tenerlo en cuenta. Y todo eso condiciona el esquema. El mundo tiene unas coordenadas. El Pregón no puede perder de vista el sentido trascendente de la existencia. El Pregón se tiene que ver que lo ha hecho un cristiano.

—Por eso ha hablado en algunas ocasiones de que su Pregón iba a tener un tono Pascual.

—La alegría de ser cristiano. Precisamente en estos días en los que la sociedad está triste por todo lo acontecido. Voy a tratar de que el Pregón sea un aldabonazo y una llamada a que la gente sea mejor. Que pasen un buen rato, que salgan buscando la Semana Santa e intentando ser un poquito mejor en sus vidas.

Todas las hermandades

—Volvamos al tema de nombrar a todas las hermandades. ¿No es un arma de doble filo?

—Yo creo que no. Se pueden nombrar de muchas formas. En la calle, en sus cultos internos... lo que está claro que una frase, por pequeña que sea, para una hermandad, ha sido escrita con todo el amor y cariño del mundo.

—¿Y han intentado saber en las hermandades qué ha visitado qué iba a decir de ellos?

—Está la sana curiosidad siempre. Incluso en alguna que otra ocasión me han preguntado por la primera palabra del pregón. No la digo porque después de la primera viene la segunda, y la tercera... Lo único que he dicho es que la primera letra del Pregón es una vocal.

—¿Y no tiene miedo a que la gente pueda pensar que se va a volcar más en las hermandades a las que pertenece?

—El corazón es el que tiene que mandar en todo esto. Tus hermandades forman parte de tu vida, donde has vivido tu fe y tienen que tener una parte especial. Ahora, no voy a ser egoista con las demás. Va a ser un Pregón que reparte mucho el amor porque es el Pregón de la Semana Santa de Sevilla. Soy el pregonero de todos y estoy al servicio de todos.

—¿Cuál o cuáles son los momentos más difíciles que ha pasado a la hora de escribir el Pregón?

—Sin duda alguna, a la hora de hacer el índice. Y otro momento muy difícil, que es cuando entiendes que se ha terminado, lo lees y te sale alto y le tienes que quitar veinte minutos. Coges la tijera y cortas. Eso es muy duro.

—¿Y los más placenteros?

—Poder abrazar a la Macarena, estar muy cerquita de la Esperanza de Triana... esa cercanías a las imágenes, son los mejores momentos que uno puede vivir.

—Desde que termina el Pregón, ¿cuántas veces lo ha leído?

—Por razones profesionales viajo mucho. Lo he llevado grabado y he escuchado la forma de decirlo. A mi mujer se lo he leído varias veces, a mis padres... habré leído el Pregón unas diez veces.

—¿Y no es mejor terminarlo y no volver a saber nada del texto?

—Sí he procurado, una vez entregado el texto en imprenta, me he marcado dejarlo así. Que el día que lo entregara, ahí se acababa todo y no cambiar nada, aunque algunas cosas ha habido que añadir.

—A partir de ahora habrá un antes y un después en usted.

—Creo que el Pregón es una llamada a trabajar por y para las cofradías. El Pregón lo han dado algo más de sesenta personas, que son las que caben en una calle estrecha viendo una cofradía. Eso es algo que te marca, saber que entras a formar parte de ese reducido grupo.

Escenario del Pregón

—Las formas en el Pregón están muy definidas. ¿Cómo es la suya?

—Mis pregones tienen una parte importante de poesia, algunas de ellas largas, otros poemas más cortos. Luego tiene prosa y, además, procuro que el Pregón esté impregnado de sevillanía y a la vez no pierda de vista la profundidad. Hay cosas que se pueden decir en prosa y no en verso y viceversa. Hay que ser fiel al estilo de uno mismo. Lo peor que uno podría hacer es cambiarlo. Si uno es como es, sin duda Sevilla captará que no está siendo artificial. Al pico de la muleta, utilizando el símil taurino, no se puede torear.

—¿Se puede uno desligar de lo que pasa en la actualidad de las cofradías? Me refiero al debate abierto sobre la remodelación del escenario del Pregón.

—Evidentemente he estado imbuido en lo que ha sido la elaboración del texto. Pero no puedes evitar escuchar y leer todo lo relativo a algo que te atañe, si quieres, directamente. A mí, personalmente, me gusta como está ahora mismo. A lo mejor, cuando lo cambien, si se cambia, me gusta más. En todo caso, me gusta que el pregonero esté cerquita del atril y en el caso de mi persona, que no sea mucho el trayecto. Recuerdo el pregón universitario, que tienes que recorrer un largo trecho y eso se hace eterno.

—Pertenece a varias hermandades. En el caso de aquellas que todavía no han aceptado la igualdad entre hermanos y hermanas, ¿tiene que decir algo el pregonero?

—Como cofrade puedo tener mi opinión, eso está claro. Yo creo, sinceramente, que Dios, que lo sabe todo nos lo mandará a su debido tiempo. No nos podemos marcar nosotros nada que no quiera Dios. Lo mejor es no ir con obsesiones. Las cosas deben salir con naturalidad. Si tienen que salir, saldrán.

—¿Responsabilidad, miedo?

—Responsabilidad claro que sí. Miedo no. Pero, sobre todo, ilusión, lo primero. Esto es algo muy grande en la vida de una persona que ama a Sevilla y a sus cofradías. La responsabilidad porque vas a hablarle a los sevillanos de las Cofradías. Hay que confiar en Dios, que no nos va a dejar solos. En los momentos en los que los hombres tienen que afrontar retos importantes en su vida, Dios les guía.

—En todo caso, confianza es lo que desprenden sus palabras.

—Porque sé que Dios está conmigo. Yo me voy a poner en sus manos. He escrito este Pregón con todo el cariño del mundo, pensando en complacer a todos los sevillanos. Sé que es difícil porque cada persona piensa de una manera distinta, pero mi ilusión es que todos hagan suyo un trocito de este Pregón.

—¿Qué espera cuando haya pronunciado el «he dicho»?

—No lo sé. Yo que he ido a muchos pregones, sé que la ovación es enorme, porque Sevilla premia el esfuerzo de la persona que está en el atril.

—¿Qué desea que le llegue a la gente mañana domingo?

— A mí, la verdad, me haría mucha ilusión de que fuese un Pregón que la gente recuerde ciertos pasajes sin necesidad de leerlo o volver a escucharlo. Que se acordaran de ciertos versos. Me pasa a mí con pregones que escuché hace años y me acuerdo. Y lo que no me gustaría, sobre todo, es que se dijese que mi Pregón es para ser leído.

—¿Y cómo se imagina la mañana del día 29?

—Como uno de los días importantes en la vida de una persona. Ese día hay que disfrutar, por encima de todo. Me habré vaciado el domingo y el lunes habrán culminado muchas horas de trabajo, amor, ilusiones. No sé, no me lo he planteado todavía. Lo único que sé es que ese día me levantaré dando gracias a Dios por todo lo que me ha concedido, tanto en lo profesional como en lo personal. Creo que es lo menos que puedo hacer.


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