SEVILLA EN SEMANA
SANTA. SEMANA SANTA EN SEVILLA. ABC DE SEVILLA. 1951
por Santiago Montoto
Las fiestas religiosas que celebra Sevilla en la Semana Santa
gozan de renombre universal. A la capital andaluza acuden viajeros de las cinco partes del
mundo para presenciar estas solemnidades que no tienen par en la cristiandad, y muy
especialmente para admirar el desfile de las Cofradías de penitencia por las calles de
Sevilla en su pocesión de penitencia a la grandiosa basílica; el templo gigantesco
concebido por aquellos canónigos del siglo XV que tomaron el acuerdo de hacer un templo
tan grande y rico, que las generaciones venideras los juzgaran locos.
El espectáculo que presenta Sevilla en los días
de la Semana Santa es inolvidable. Inspiradamente dijo el poeta:
Sevilla en Semana Santa
Semana Santa en Sevilla:
Fiesta que parece un sueño
febril de la fantasía
El pueblo todo toma parte en estas fiestas, ya como
actor, ya simplemente como espectador. El pueblo hace las fiestas y él las disfruta sin
preocuparse poco ni mucho de que agraden a los que vienen a presenciarlas, porque está
convencido de antemano de que el forastero quedará maravillado en su contemplación.
Todas las clases sociales se interesan vivamente en
estas manifestaciones del culto externo y sin distingos coadyuvan a él. El espectáculo
se ofrece por igual al noble y al plebeyo, al rico que al pobre; todos disfrutan en la
más completa igualdad.
La parte principal de las fiestas de la Semana
Santa en la capital de Andalucía corre a cargo de las cofradías de penitencia, en su
desfile por las calles de la ciudad. Desde su principio, las Cofradías fundieron en su
seno las distintas clases sociales, y fueron la más hermosa expresión de la fraternidad
ciudadana. Quede para la filosofía de la historia, y no para este breve artículo,
averiguar y explicar las causas por las que las Cofradías, apenas nacidas, se clavaron en
las entrañas del pueblo y se alimentaron con su espíritu y formaron con él un solo
cuerpo. Al cronista de hoy le basta señalar el fenómeno y traerlo a la memoria de sus
lectores.
Cuando Sevilla llegó a su mayor esplendor,
surgieron las Cofradías de penitencia, que si bien en otros lugares de España se
organizaron, en Sevilla adquirieron una personalidad tan característica e inconfundible,
una vida tan rica, tan exuberante, que, sin tener el don de la profecía, podemos
vaticinar que vivirán mientras la reina del Guadalquivir aliente, porque si faltaran,
Sevilla ya no sería la sin par Sevilla; se habría convertido en una población como hay
muchas en la redondez de la tierra.
Las Cofradías informan todo un siglo de
espiritualidad, donde la literatura y las artes tradicionales se renuevan de continuo,
como las rosas en la primavera, aún cuando el añoso árbol sea el mismo y la misma
tierra y el mismo el sol que le dan aromas y colores. La ciudad maravillosa es el marco de
las Cofradías, y éstas son la Semana Santa, en cuanto significan la devoción a la
Pasión de Cristo y la manifestación en el culto público con sus procesiones.
Los sevillanos hemos llegado a la perfección y, si
es permitido decirlo, a la estilización, sublime estilización, de las Cofradías: tantos
y tantos siglos hemos trabajado en ellas, que es ya muy difícil, si no imposible, su
mejoramiento.
El espectáculo que presentan las estrechas y
blancas calles sevillanas durante el desfile de las Cofradías es inolvidable para el que
no lo ha presenciado. Las largas filas de nazarenos, con sus túnicas y sus puntiagudos
capirotes, las luces de los cirios que alumbran el silencio de la noche, las armonías
tristes de las marchas fúnebres, los sentidos ecos de las saetas, el paso de las andas
que lucen las imágenes maravillosas de Cristo y de su Madres, debidas a los más insignes
artistas, asentadas en riquísimos tronos donde fulguran el oro y la plata
todo
esto, envuelto en el perfume de las flores, en el aroma del incienso y en el ambiente
embriagador de la primavera, en la noche estrellada, donde luce la blanca luna de
Parasceve, causa en el alma una impresión que conmueve, alucina y nos lleva muy lejos de
la tierra.
Millares de artículos y docenas de libros se han
escrito acerca de la Semana Santa de Sevilla. Músicos, poetas, pintores, han pretendido
llevar a sus creaciones los rasgos más sorprendentes de estas fiestas que, como la ciudad
que la ha creado, es imposible encerrar con todos sus múltiples hechizos, con sus
innúmeres facetas en una obra de arte por muy inspirada y sublime que sea.
Los que no han visto Sevilla en las noches de la
Semana Santa no pueden formarse cabal idea, por mucha que sea la fuerza de su imaginación
y el poderío de la obra artística que la refleja, y los que la han presenciado, exclaman
con el poeta:
Faltan ojos para ver,
Corazón para admirar