SANTA SEMANA SANTA.
1937
por César González Ruano
Vosotros, garganta con privilegio sevillano, habéis lanzado
el cante, creyendo y creando, año por año, en esta fiesta patética y vernácula de la
Semana Santa, la humanidad tremenda de Cristo-Hombre: del Cristo que padece, que suda y
sangra y jadea en vuestras saetas y que recibe, en fin, con la representación del más
atroz del realismo, el homenaje a que su divinidad debe de ser más grato: el homenaje de
su humanización que El realizó en la tierra. Sujeto quiso estar hasta por las leyes y
por las bajas pasiones, y por la traición de los hombres y por la incredulidad y por la
cólera, y por el clavo que le clavaba y por la espira que lo torturaba, y por la saliva y
la lanza y por los rigores todos que el ser humano pueda sentir. Y para que todo fuera
más humano, igual que los hombres que sufren la muerte afrentosa, dio dolor a su madre y
encendió el grito en la garganta de Magdalena, y al fin provocó la imaginación del
pueblo en un congestionado espiritualismo, nacido de lo material, tan fuertemente como
pudo afirmarse en las apariciones sobrenaturales que hizo a los elegidos después de su
muerte de Hombre.